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Del Diálogo Social al timbre médico

·El País

El momento de entregar este editorial para su publicación, el Poder Ejecutivo estaba por revertir una decisión muy peculiar, por decir lo menos, tomada por la Caja de Jubilaciones y Pensiones de los Profesionales Universitarios al imponer un timbre de 170 pesos para los usuarios de los servicios de salud.

El objetivo de esta medida es obtener recursos para enfrentar el preocupante déficit que afecta a esa Caja desde hace más de una década y para lo cual necesitó asistencia del Estado (voto parlamentario mediante) para seguir a flote.

La decisión muestra la enorme preocupación que existe para sacar a la Caja de su alarmante situación. El problema es que ese timbre le pega a una población que ya tiene sus propias cuentas que pagar y no necesita añadir una más.

Provoca, además, una distorsión en el sistema de salud tal como está concebido. Eso explica la resistencia del gobierno a la medida y por eso se supone que en estos días sería revertida.

Los principales perjudicados serían las personas mayores en la medida que son quienes más uso hacen de las consultas médicas y los distintos estudios que se le piden. A 170 pesos por cada consulta, que se suman a otros costos, esto puede tener efectos devastadores. El monto de ese timbre va a un servicio jubilatorio, como si el jubilado no hubiera aportado lo suficiente al suyo. Hay quienes reciben menos de lo que corresponde al estar topeados. A eso se suma el pago de un impuesto, el IASS, cuyo destino es asistir al sistema de seguridad social. O sea, cobra su correspondiente jubilación todos los meses, pero debe aportar un impuesto que se destina para pagarle la jubilación del mes siguiente. A quien ya se le retacea lo que le corresponde, se suma este inesperado y arbitrario timbre creado para el salvataje de una caja que tal vez no sea la suya.

Llama la atención que la Caja impulse una medida así sin considerar su efecto sobre un sistema de salud que abarca a toda la población. Por eso la Junta Nacional de Salud (Junasa) rechazó la medida por entender que perjudicaría al Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS), al encarecer el acceso a la atención médica. La Junasa advirtió que esto dañaría sustancialmente a los jubilados, a los que padecen enfermedades crónicas y a la gente con menores ingresos. También advirtió sobre el impacto que puede tener esta medida en instituciones prestadoras de salud que atraviesan situaciones complejas.

La polvareda levantada por la medida, muestra inoperancia para enfrentar con firmeza y coraje toda la problemática de la Seguridad Social. Al drama que significa la situación de la Caja Profesional se suma la del resto del sistema. Algunas dirigencias políticas y en especial las sindicales están haciendo todo lo posible por terminar de fundirlo, como lo demuestra lo surgido del mentado Diálogo Social.

Lo absurdo es que este gobierno heredó una solución servida en bandeja y que funcionaría al menos por un tiempo: la ley jubilatoria aprobada por su antecesor. No tenía nada más que hacer. Además, al ser derrotado el intento de derogarla mediante un plebiscito convocado por el sindicalismo, el tema quedaba cerrado. Es decir que sin hacer nada y con simplemente asumir lo heredado, se hubiera evitado algunos problemas que hoy enfrenta. Sabía además, que pese a la presión sindical, no toda la izquierda rechazaba la ley del gobierno anterior. Un grupo de economista afines al Frente Amplio cuestionó el plebiscito convocado por el Pit-Cnt y dentro del sindicalismo, el sindicato bancario (AEBU) aceptó que la edad de retiro subiera a 65 años en un plan de salvataje a su propia Caja de jubilación.

Al alentar el Diálogo Social, el gobierno quedó atrapado en un tema que pudo haber cerrado con tan solo aceptar la vigencia de la ley jubilatoria. También la situación de la Caja Profesional le plantea un problema que se arrastra desde hace mucho tiempo y para el que no aparece una solución adecuada. O porque no la hay o porque nadie tiene la lucidez necesaria para dar con una.

Muestra sensatez el gobierno al cuestionar la propuesta de la Caja Profesional de crear este timbre. Pero el rechazo no resuelve la situación de la Caja Profesional, que enfrenta desafíos enormes. En realidad, todo el sistema jubilatorio está en aprietos. La reforma aprobada en el período anterior ofrece una salida, a mediano plazo, en un país en el que la población no crece.

Lo que está claro es que del Diálogo Social no saldrá la necesaria solución. De los timbres por consulta médica tampoco.

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