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El rosa se ganó un lugar en la decoración del baño

·Mercedes Lombardo
El rosa se ganó un lugar en la decoración del baño

Imagen: La Nación · Ver original

Del blush al salmón, ocho proyectos muestran cómo las variantes del rosa acompaña una nueva tendencia: baños más personales y escenográficos

Durante décadas, los baños parecían regirse por un único mandato: ser funcionales. Mientras en livings y dormitorios había lugar para experimentar con colores, texturas y objetos decorativos, este ambiente quedaba restringido a una paleta conocida y segura dominada por blancos, grises y tonos neutros.

Sin embargo, algo cambió. Cada vez más arquitectos e interioristas los consideran una extensión del universo estético de la casa, ambientes capaces de transmitir una identidad propia y generar una experiencia. Y en esa transformación hay un color que aparece una y otra vez: el rosa.

Lejos de los tonos estridentes o de ciertos prejuicios que lo acompañaron durante años, el rosa contemporáneo se mueve en una gama mucho más sofisticada. Aparece empolvado, terroso, salmón, blush o apenas insinuado. En algunos casos se convierte en protagonista absoluto; en otros, funciona como un detalle capaz de transformar por completo la atmósfera de un espacio.

A diferencia de otros colores, el rosa tiene la capacidad de aportar calidez sin oscurecer. Conserva la luminosidad que suele buscarse en los baños, pero al mismo tiempo suaviza la sensación de frialdad que a veces generan los blancos puros o los grises más duros. También dialoga con facilidad con materiales que hoy dominan el interiorismo, como la madera natural, el mármol, la piedra, el travertino o los metales dorados.

En lugar de recurrir a un mueble blanco o de madera natural, este baño apuesta por un tono salmón suave que aporta calidez sin convertirse en protagonista absoluto. La combinación con las bachas verde agua demuestra que los colores pastel pueden convivir en un esquema sofisticado y contemporáneo.

Lejos de limitarse a un muro de acento, aquí el rosa conquista paredes y techo a través de un mural envolvente. El recurso funciona especialmente bien en toilettes porque transforma un espacio pequeño en un ambiente memorable y con identidad propia.

La combinación de piezas rayadas en distintos tonos demuestra que el rosa no siempre tiene una lectura romántica. Junto al negro y las líneas rectas adquiere un perfil más arquitectónico y contemporáneo.

Los pequeños mosaicos multiplican los reflejos de la luz y realzan las variaciones del color. El resultado recuerda a los antiguos baños revestidos íntegramente, pero con una interpretación mucho más actual.

Aquí el color comparte protagonismo con una trama geométrica en blanco y negro. Lejos de suavizar el ambiente, aporta energía visual y demuestra que puede integrarse incluso en propuestas de impronta gráfica.

Puerta, mueble, espejo y textiles dialogan dentro de la misma familia cromática. Cuando el rosa se repite en distintas superficies genera una atmósfera serena y envolvente sin necesidad de recurrir a contrastes fuertes.

Para quienes dudan antes de comprometer una pared o un revestimiento, una bacha de color puede ser una excelente puerta de entrada. Aquí se combina con madera y fibras naturales para reforzar una estética relajada y orgánica.

No todos los baños rosas necesitan ser evidentes. En este caso, el color aparece únicamente en el bajo mesada y suma un matiz cálido a una base predominantemente blanca. Un gesto pequeño que modifica la percepción general del ambiente.

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