La jugada de los 8 detalles: de los 3 centrales y el empujón de Molina al botín de Simeone y el propio Scaloni

Imagen: La Nación · Ver original
España hizo el gol que definió la final en la jugada menos pensada. Había sido ampliamente superior a la Argentina, había generado muchas chances de riesgo (en total fueron 16), pero encontró la diferencia a los 50 segundos de iniciado el segundo tiempo suplementario. El día después del subcampeonato, las redes sociales fueron crueles con Giuliano Simeone, ya que una de las tomas muestra al delantero de Atlético de Madrid acomodándose un botín en pleno retroceso, cuando él podría haber sido uno de los que pudo marcar a Ferrán Torres antes que defina.
¿Fue tan así? Algunas etiquetas y fotos pueden resultar exageradas. Lo cierto es que el equipo de Luis de la Fuente había hecho méritos para imponerse antes del alargue, pero entre las fallas en la definición y las atajadas de Dibu Martínez los dirigidos por Scaloni se mantuvieron en pie más tiempo. Lo primero que hay que decir es que Argentina no pierde el Mundial por esa jugada, pero bien vale desmenuzar el análisis para ver que -muchas veces- no hay una sola causa por la que se convierte un gol, sino que es la sumatoria de “detalles”.
La selección ya jugaba con 10 por la expulsión de Enzo Fernández (primer factor de una descompensación defensiva en la mitad de la cancha) y Scaloni había dispuesto el ingreso de otro central -Marcos Senesi- por Julián Alvarez (delantero). La decisión del DT pudo ser porque España, en el primer tiempo suplementario, había tenido dos clarísimas chances de gol de cabeza, una con Williams y otra con Merino. Pero más allá de eso, jugar con 10 desordena y genera un desgaste extra a un equipo que ya había corrido por demás detrás de la pelota.
La línea de 5 de la selección estaba compuesta por Molina, Otamendi, Senesi, Tagliafico y Medina. Otamendi había ingresado por la lesión de Lisandro Martínez y Medina por la baja de Cuti Romero. En la jugada del gol Mac Allister intenta presionar a Porro, quien igual envía el centro pasado, pero vale como detalle. Uno de los problemas principales fue que tres centrales (Otamendi, Senesi y Tagliafico) fueron con Merino, que entró de volante llegador pero con finalizaciones como “doble 9″ de Ferrán, algo que ya había hecho en los partidos ante Portugal y Bélgica; el número 7 (Ferrán) estaba a la altura de la medialuna, con Simeone cerca.
El centro va pasado y (otro detalle) el empujón de Molina -con la intención de sacar del eje a Nico Williams- termina beneficiando al delantero para llegar al balón: el lateral pierde fácil en el duelo; Williams baja la pelota de cabeza con gran precisión a la altura del primer palo y Ferrán convierte de zurda. Simeone se acomoda el botín y pierde segundos en la marca. Lo ideal era que el doble 9 sea tomado por los tres centrales, pero -una vez pasada esa falla desde cómo quedaron parados-, Giuliano era el más cercano para esa segunda jugada.
Scaloni jugó su partido con los cambios y posibles escenarios: la modificación de Molina por Montiel, cuando iban 12 minutos del segundo tiempo, no se entendió. En un partido que posiblemente iba a tener alargue, el DT ya había quemado uno con el ingreso de Leandro Paredes por Nico González, en su afán por corregir una decisión inicial que no salió como había pensado, con González dándole un dolor de cabeza a Porro. Si hubiera seguido Montiel en lugar de Molina como lateral derecho, ¿habría marcado mejor a Williams? Es contrafáctico, pero lo cierto es que en esa ventaja Scaloni gastó una modificación que no era tan necesaria desde el juego y esa posibilidad de cambio luego le faltó durante el alargue.
¿Dibu Martínez pudo haber hecho algo más? El arquero amaga con salir y se frena, cuando la pelota no caía tan abierta, podía haber estado entre sus dominios, pero no se lo puede incluir entre los responsables, más después del partido que venía teniendo.
Y sobre todo, están los méritos de España. De la selección de De la Fuente se había marcado que tenía dos formas predilectas de atacar. La primera, con las proyecciones de Porro y Cucurella, llegadas al fondo del último y los centros atrás; también con los aportes del primero, aunque haciendo más las diagonales por adentro para dejarle la banda derecha a Yamal. Y después tirando paredes por el centro, en los carriles interiores, con la premisa de que, quien pivoteaba, le devolvía la jugada a quien tiró la pared. Así generó entendimiento entre quienes asistían y quedaban de cara al gol. Así también le generó peligro a la selección, aunque el desequilibrio vino con la jugada menos pensada y en el momento que más centrales tenía en el área de Dibu Martínez.
¿Quién se equivocó? Nadie en particular: la sumatoria de detalles jugaron a favor de España. Y España tuvo mucho mérito en eso, claro, en empujar hasta vencer la resistencia argentina, en perseverar para que los detalles jueguen a su favor.
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