Ludmila Onorati, psicóloga especialista en crianza: 8 razones por las que los chicos necesitan descansar en vacaciones de invierno

Imagen: Clarín · Ver original
Hoy arrancan las vacaciones de invierno en la CABA y en la provincia de Buenos Aires. Teatro, cine, parques de diversiones, plaza, salidas con amigos, pijamadas, viajes y más pueden superponerse en un cronograma infantil que, a veces, resulta excesivo.
Las vacaciones de invierno tienen un objetivo claro: por un lado, se trata de una pausa pedagógica para los alumnos y alumnas y, por el otro, hacer coincidir el descanso con el momento climático donde el frío acecha.
Ludmila Onorati, psicóloga especialista en maternidad y crianza, aseveró a Clarín que “las vacaciones siempre tuvieron una función muy clara: poner una pausa. Durante unas semanas todo funcionaba de otra manera. Se dejaban de lado los horarios, las corridas y las exigencias del año para dar lugar a días más lentos”.
Sin embargo, explicó, actualmente “muchas veces la pausa consiste únicamente en dejar de ir al jardín o al colegio. El ritmo, en cambio, sigue siendo igual de intenso. La agenda se llena de espectáculos, talleres, viajes cortos, salidas y propuestas para aprovechar cada día”.
Así, aunque la intención de las familias sea buena, “en ese intento tan genuino de ofrecerles experiencias, quizás estemos dejando cada vez menos espacio para algo que también necesitan muchísimo: tiempo para estar en casa, aburrirse un rato y simplemente no estar corriendo”, destacó la especialista.
Si reemplazamos colegio por un sinfín de actividades, el propósito central del receso invernal queda lejos de cumplirse. “Las vacaciones no nacieron para llenar el tiempo de otra manera. Nacieron para cambiar el ritmo”, enfatizó Onorati.
Más allá del clima, de las ganas de aprovechar el tiempo y de la variedad de propuestas que aparecen en vacaciones de invierno, hay algo fundamental: “Descansar también es una parte del desarrollo”.
La psicóloga amplió: “En el consultorio lo veo desde hace muchos años y hoy las neurociencias nos ayudan a entender mejor por qué. Así como sabemos que el músculo no crece durante el entrenamiento sino en los períodos de recuperación, el cerebro también necesita esos momentos de pausa. Es ahí donde consolida aprendizajes, organiza experiencias y sigue desarrollándose”.
Según Onorati, muchas veces sucede que ante la tan temida frase infantil ‘me aburro’ la reacción de los adultos suele ser buscar una solución inmediata: “Una salida, una pantalla, una actividad, algo que tape esa sensación de falta. Sin embargo, el aburrimiento suele incomodarnos mucho más a nosotros que a los chicos”.
Pero esta pausa –cuando es posible- requiere ser respetada: “El cerebro necesita esos momentos donde deja de recibir estímulos de manera constante. Ahí empiezan a aparecer los juegos inventados, las historias, las preguntas, la imaginación. También aparece algo igual de importante: el tiempo para elaborar todo lo que ya vivieron”, dijo la especialista.
En ese sentido, añadió: “Un partido de fútbol, una salida con amigos, una obra de teatro o una tarde en una plaza no terminan cuando volvemos a casa. Muchas veces continúan mientras los chicos dibujan una escena que les gustó, inventan un juego inspirado en lo que vivieron, conversan durante la cena, preparan una chocolatada o simplemente se quedan mirando por la ventana. Aunque desde afuera parezca que no está pasando nada, ahí el cerebro sigue trabajando. Organiza, relaciona y empieza a darle sentido a la experiencia”.
No es que hacer planes con los niños y niñas esté mal. Para la psicóloga, “la pregunta es cuánto espacio dejamos entre una experiencia y otra para que puedan integrarlas. Cuando una experiencia se superpone con la siguiente, el cerebro tiene menos tiempo para volver sobre lo vivido. Muchas veces pensamos que cuantos más planes hacemos, más recuerdos estamos construyendo. Pero el cerebro necesita otra cosa. Necesita tiempo para organizar esas experiencias. Los recuerdos necesitan tiempo para sedimentar”.
“Las vacaciones tienen una razón de ser: no son solamente una interrupción del calendario escolar, también forman parte del proceso de aprender. Porque el cerebro no crece únicamente cuando incorpora experiencias nuevas: también crece cuando tiene tiempo para integrarlas. Una de las cosas más valiosas que podemos enseñar durante las vacaciones es que descansar también es hacer algo importante”, resaltó Onorati.
La psicóloga (en Instagram, @lic.ludmilaonorati) aseguró que, “aunque veces pensamos que una buena infancia es ofrecer más experiencias, quizás también sea regalarles tiempo para que esas experiencias encuentren un lugar donde quedarse”.
En esa línea, enumeró 8 motivos por los cuales niños y niñas necesitan descansar durante las vacaciones de invierno. Esto, aclaró, siempre que el contexto familiar lo permita, ya que muchas veces madres y padres deben recurrir a colonias o estructuras de este tipo para poder continuar con sus dinámicas laborales.
Las vacaciones no existen solamente para dejar de ir al colegio. También son para cambiar el ritmo. Cuando cada día está completamente organizado, con salidas, espectáculos o talleres, el calendario cambia, pero la velocidad sigue siendo la misma. Dejar algunos espacios sin plan también forma parte del receso.
"Me aburro" suele ser una de las frases más temidas por los adultos. Sin embargo, ese momento muchas veces es el punto de partida de la creatividad. Cuando el cerebro deja de recibir estímulos de manera constante, aparecen los juegos inventados, las historias, las preguntas y la imaginación.
Desde la psicología lo vemos desde hace muchos años y hoy las neurociencias ayudan a entender mejor por qué. Así como un músculo crece durante la recuperación y no únicamente durante el entrenamiento, el cerebro también necesita momentos de pausa. Es ahí donde consolida aprendizajes, organiza experiencias y sigue desarrollándose.
Un partido de fútbol, una salida o una obra de teatro no terminan cuando volvemos a casa. El cerebro sigue elaborando esas experiencias mientras los chicos juegan, dibujan, conversan o simplemente miran por la ventana. Los recuerdos también necesitan tiempo para sedimentar.
El hogar no se construye solamente viviendo en una casa, se construye habitándola. En una mañana en pijama, una torta preparada juntos, una carpa con mantas en el living o una tarde escuchando llover. Esas escenas sencillas son las que muchas veces dejan una huella emocional más profunda.
Los chicos también observan cómo vivimos nosotros el tiempo libre. Si sentimos culpa cuando descansamos, si necesitamos llenar cada espacio con actividades o si podemos disfrutar una tarde tranquila. La forma en que los adultos nos relacionamos con el descanso también educa.
Quizás una de las cosas más valiosas que podamos enseñar durante las vacaciones sea que descansar también es hacer algo importante. No todo momento necesita ser productivo para tener valor. Aprender a frenar también forma parte del desarrollo.
A veces pensamos que regalarles una buena infancia es ofrecerles más experiencias. Y, quizás, también sea regalarles tiempo para que esas experiencias encuentren un lugar donde quedarse. Los recuerdos también necesitan tiempo para sedimentar. Porque los chicos no recuerdan la infancia como una agenda, la recuerdan como un clima.
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