Nuestros viejos
Roberto Alfonso Azcona | Montevideo@|Ningún gobierno, ningún legislador, ningún político tiene derecho a hablar de presupuestos, inversiones o asistencia social si no pone como prioridad absoluta a nuestros viejos.
Hablamos de ciudadanos que fueron la base de una sociedad productiva; hombres y mujeres que entregaron sus vidas, su juventud y su energía para formar familias y construir el país que hoy disfrutamos. Hoy, simplemente, los condenamos al olvido; los dejamos subsistir con jubilaciones y pensiones de miseria, o abandonados en residenciales que no garantizan el mínimo de dignidad ni los cuidados que necesitan.
A la clase política le encanta llenarse la boca hablando de la indigencia infantil y del “futuro de la nación”.
Utilizan la vulnerabilidad como moneda de cambio y bandera de campaña, negociando ayudas a cuentagotas mientras la realidad sigue intacta. Unos y otros (en los dos extremos de la vida, por niños o por ancianos) terminan siendo víctimas del mismo abandono sistemático por parte del Estado.
Esta desidia no puede quedar impune, la clase política debe ser sometida al juicio ético y político del soberano. Somos los ciudadanos, en el libre uso de nuestra soberanía, quienes debemos reformar las reglas de juego y el sistema político consagrado en la Constitución.
Solo así podremos terminar, de una vez por todas, con la soberbia de quienes hoy nos gobiernan de espaldas a la gente.





