Argentina vs. España, EN VIVO por el Mundial 2026: hora, TV y las formaciones

Imagen: La Nación · Ver original
El partido arranca a las 16 en el Nueva Jersey Stadium; la presencia de Trump incrementó el operativo; el probable equipo de Lionel Scaloni para defender el título
El clima cambió completamente. Desde la mañana, un fuerte viento disipó las nubes y el humo que afectaron a Nueva York y Nueva Jersey en las últimas horas. Bajo estrictas medidas de seguridad, los argentinos ya rodeaban el anillo del inmenso Metlife, ubicado junto a una autopista en el estado de Nueva Jersey. La presencia de Donald Trump acrecentó aún más el operativo dispuesto para la final del Mundial. Agentes del servicio secreto, del FBI y de la policía, entre muchas otras fuerzas, custodian los ingresos. Por eso las autoridades pidieron especialmente a los espectadores llegar temprano. A poco de abrir las puertas del estadio con capacidad para 80.000 espectadores, dentro del Metlife ultiman los detalles para el inicio de la ceremonia de clausura, prevista para las 13.30 (14.30 de Argentina).
La artista María Becerra estará a cargo de entonar las estrofas del Himno Nacional Argentino en el estadio MetLife Nueva York-Nueva Jersey. Esta tarde, apenas minutos después de haberse habilitado el ingreso a los hinchas, la artista ensayó en el centro de la cancha donde cantará de forma oficial antes de las 16 (hora argentina), antes de que empiece a rodar la pelota en la final Argentina-España.
Por primera vez en la historia, la FIFA entregará anillos a los ganadores del Mundial 2026 para conmemorar el campeonato. La tradición de que los equipos campeones reciban este obsequio es habitual en las actividades deportivas de Estados Unidos y se remonta a finales del siglo XIX. Sin embargo, no es algo común en otras partes del mundo, por lo que generó mucha curiosidad sobre cómo serán las joyas que recibirá el ganador del encuentro entre la selección argentina y España.
Con esta final en Estados Unidos, la decisión de la FIFA parece un guiño a esa tradición. Los jugadores del equipo que gane el Mundial recibirán medallas de oro, como de costumbre, y el capitán y el técnico del equipo ganador también recibirán anillos temporales poco después del partido por el título.
1309 días pasaron entre el 18 de diciembre de 2022 y el 19 de julio de 2026. Tres años, 7 meses y 1 día. De la noche de Lusail a la tarde de Nueva Jersey. De aquella final contra Francia a esta contra España. Hoy, a horas de la gran definición del Mundial 2026, ese túnel del tiempo parece haber transcurrido en un instante. Ese Messi tirado en el césped del estadio de Doha junto a su familia, feliz y despojado de esa mochila que solo se había cargado sobre los hombros, parecía cerrar un círculo perfecto. Pero él decidió otra cosa.
El jugador que se terminó de criar y triunfó fuera de su país volvió al barrio de siempre a pasar las Navidades y refugiarse con ese afecto que nunca quiso dejar atrás. Tuvo que aguantar que lo insultaran y tuvo que renunciar después de tantos intentos. De las críticas a no cantar el himno a ese grito sagrado que tapó los silbidos de los ingleses en la previa de la épica semifinal en Atlanta.
“Con el mundo entero como testigo, coronaremos al campeón de la Copa Mundial de la FIFA en el Estadio Nueva York. ¡Nos espera una final épica!“, escribió el titular de la FIFA, Gianni Infantino, en su cuenta de Instagram junto a un video de las selecciones argentina y española.
El penúltimo diciembre pasamos una tarde en la isla Soledad bajo estricto protocolo militar y con ciento treinta deudos de la guerra de Malvinas. Después de haber escrito tantas crónicas y relatos sobre aquellos héroes ninguneados llegaba por estepas heladas al mítico cementerio de Darwin en compañía del hermano de un marino muerto durante el hundimiento del crucero General Belgrano. No era la primera vez que el hombre formaba parte de aquella misión humanitaria: acompañar a los familiares de los combatientes en ese último peregrinaje a las tumbas blancas. El Equipo de Antropología Forense, con técnicas modernas, fue rescatando e identificando uno por uno los cadáveres que figuraban en el limbo y bajo el poético pero triste lema “Soldado argentino solo conocido por Dios”. Viajaban con nosotros varios de los últimos parientes directos -treinta de ellos en sillas de ruedas o con andadores-, transidos de dolor pero también de esperanza: encontrar por fin una sepultura con nombre y apellido, y reunirse simbólicamente con el alma perdida. Mi interlocutor, sin embargo, pertenece a otro grupo: los “sintumba”, aquellos que desaparecieron para siempre en las crueles aguas del Atlántico Sur. Para esta clase de sufrientes no queda más que la emoción táctil de recorrer con la yema de los dedos el nombre de su pariente donde ahora quedó inscripto:un cenotafio erigido en medio de la nada.
La marcha se hacía bajo cielo encapotado y amenazante, y entonces el hermano del marino me explicó que los parientes tienen probado que “los nenes siempre les terminan abriendo el cielo”: ya varias veces llegaron a la isla bajo nubes pesadas y de pronto el sol de diciembre se impuso y pudieron cumplir los rituales con una temperatura benigna. Esta vez, sin embargo, fue una excepción: después de unos tímidos rayos, volvió a caer la oscuridad más densa y hasta una nevisca sobrenatural. Los familiares tenían una hora para estar a solas en cada tumba, pero el frío era tan intenso que no podían aguantar más de quince o veinte minutos a la intemperie: todos temblábamos durante la experiencia y luego durante la breve misa de cara al viento. Y entonces el guía vio que yo tiritaba, apoyó su mano en mi hombro y me dijo con sarcasmo: “Los nenes quisieron que sufriéramos en carne propia el clima real bajo el que vivieron y combatieron durante setenta días”. Junio en diciembre. Uno puede leer muchos libros y entrevistar a decenas de veteranos de Malvinas, pero solo cobra plena conciencia de la dimensión de aquella epopeya en ese pequeño camposanto, en esa rigurosidad del fin del mundo, bajo ese frío extremo que atormenta más que el miedo y las balas.
La Argentina vive en un estado de festividad continuada desde que la selección nacional ganó el Mundial 2022 en Qatar, un clima que escaló el miércoles y que volverá a expresarse en las calles hoy y mañana, más allá del resultado de esta tarde en la final. Se trata del festejo popular más masivo y transversal que pueda experimentar el país, un ritual que representa la alegría desbordante por los logros deportivos, pero también una celebración que cataliza sufrimientos y frustraciones. Un regreso a una primitiva sensación de comunidad, donde todas las diferencias se diluyen por compartir una emoción desbordante. Demasiado simple; demasiado profundo.
En este escenario hay dos protagonistas: el equipo y la gente, enlazados por una conexión pasional que sólo fenómenos muy extraordinarios pueden lograr. No hay lugar en el medio para ningún tipo de intermediación institucional o política. Ni el Estado está invitado a esa fiesta interminable, a pesar de ser, supuestamente, el representante más legítimo de la voluntad popular.
Hay una secuencia que exhibe con nitidez cómo fue mutando ese juego de roles entre la selección, el Estado y la sociedad. Cuando la Argentina ganó el Mundial de 1986, Diego Maradona fue a ofrendarle la copa a Raúl Alfonsín a la Casa Rosada. Después el líder radical le cedió el balcón al equipo para que festejara con la gente y él se corrió. Hubo un reconocimiento a lo que representaba para la democracia la figura de Alfonsín. Todavía la institucionalidad tenía un valor.
En 2022 los papeles habían cambiado tan bruscamente que la masa de gente que salió a las calles desplazó por completo al Estado, con el guiño de un equipo que quería mantenerse al margen de la utilización política que le proponía el gobierno de Alberto Fernández. Fue el día del regreso de la delegación y de los tironeos para decidir si iban o no a la Casa Rosada. Finalmente no hubo foto política, sólo las imágenes inolvidables de la multitud y la selección.
Llegó el 19 de julio tan fijado por los futboleros para este 2026. La final del Mundial está solo a unas horas de distancia. La selección argentina, campeona defensora, será una de las protagonistas por segunda vez consecutiva, nuevamente liderada por Lionel Messi. Lejos de reconocerla, en el ambiente se siguen escuchando sospechas, cosas que no cierran sobre arbitrajes que, dicen, permiten “agredir al rival”, como sentenció Aymeric Laporte, zaguero de España, el otro finalista. Ronaldinho Gaúcho, en cambio, decidió pararse en una vereda muy alejada.
En medio de declaraciones semejantes durante la previa a la final de la Copa del Mundo, que se adhirieron a otras tantas emitidas por exfutbolistas cuando todavía estaba fresca la victoria aguerrida de la Argentina sobre Inglaterra en semis, apareció la figura brasileña para distanciarse y defender lo que él mismo experimentó en los campos de juego, nada menos que en los fuertes clásicos.
Y alcanza con caminar unos minutos por Manhattan para darse cuenta. Hay argentinos por todos lados. En Central Park, donde este sábado miles de hinchas volvieron a reunirse para el tradicional banderazo. En Times Square, donde por unas horas los cantitos taparon el ruido de las pantallas gigantes. En el subte. En las veredas. En los bares. Es difícil avanzar una cuadra sin cruzarse con una camiseta de Lionel Messi.
Algunos llegaron desde Argentina. Otros viajaron desde ciudades de Estados Unidos, Europa o distintos rincones del mundo. Hay familias que aprovecharon la final para volver a verse después de mucho tiempo y grupos de amigos que eligieron este partido como excusa para reencontrarse. También para eso sirve esta selección: para volver a juntar a argentinos que la vida fue desparramando por distintos países.
Argentina y España no sólo son justos finalistas por lo que hicieron a lo largo del torneo: también reflejan una transformación más amplia del juego y, en particular, de los Mundiales. Hace ya una eternidad (cuando terminaba la primera fecha de la fase de grupos) señalábamos que el fútbol se había vuelto cada vez más asociativo: hay más pases, las secuencias son más largas y se remata menos. Sin embargo, la mayor precisión permite que el promedio de gol se mantenga.
Adalides de la tenencia, Argentina y España encontraron en las áreas el salto de calidad que las llevó hasta la final. La selección de Scaloni lo hizo a partir de la eficacia: marcó 19 goles y superó con claridad lo que sugerían tanto su volumen de remates como la calidad de sus ocasiones. Medido cada 90 minutos, para que los alargues no alteren la comparación, el equipo argentino produjo menos disparos que España (14,6 contra 17,1) y apenas menos goles esperados (1,87 contra 1,91). Sin embargo, marcó seis goles más.
Los goles esperados, o xG, como aparecerán en la transmisión, estiman la probabilidad de que cada remate termine en gol a partir de variables como la ubicación, el tipo de asistencia y la forma de definición. La suma de esas probabilidades ofrece una suerte de resultado probable resumido en lo que generen los disparos.
Si en la fase de grupos el problema era que Messi monopolizaba los goles, con el correr del torneo aparecieron tantos desde las tres líneas. Casi todos los que tuvieron ocasiones claras terminaron convirtiendo. La excepción, por ahora, es Nico González: acumula 7 remates y 0.8 goles esperados (máximos para un jugador argentino que no anotó), merodea, está cerca, le queda el mejor partido para sacarse la mufa.
¿Qué habría sido del fútbol argentino si Lionel Messi hubiese aceptado jugar para otra selección? ¿Habría existido el campeón del mundo de Qatar? ¿Se habría escrito la historia de la Scaloneta? ¿Esta final tendría hoy al capitán vestido de celeste y blanco o intentaría arrebatarle el título? Son preguntas imposibles de responder, pero durante varios años dejaron de ser una fantasía para convertirse en un objetivo concreto. Antes de que debutara con la selección argentina, España hizo todo lo que estuvo a su alcance para convencerlo de cambiar de camiseta. Lo buscaron de todas las maneras. Hablaron con sus entrenadores, con sus compañeros de Barcelona e, incluso, evaluaron convocarlo oficialmente para obligarlo a tomar una decisión. Nunca pudieron torcer una idea que ya estaba clara mucho antes de que Argentina descubriera quién era Messi.
Ginés Meléndez fue el principal impulsor de que Messi jugara para España. Durante décadas dirigió las selecciones juveniles de La Roja y fue uno de los formadores de la generación que años después conquistaría el Mundial de Sudáfrica 2010. Así conoció a un adolescente rosarino que empezaba a destacarse en las inferiores de Barcelona, al que siguió desde muy cerca, pero nunca logró seducir.
Si hay un país con el que los argentinos tenemos un vínculo especial, es España.
La relación se remonta al siglo XV, cuando la Corona inició la conquista del territorio americano. Durante casi 250 años, nuestras tierras formaron parte del Imperio español, un período que dejó una huella profunda en el idioma, la religión, el derecho, la organización política y las tradiciones.
Sabemos que es el país de la paella, de la tortilla de papas, del jamón ibérico, de la corrida de toros y del flamenco. Hacé clic acá para acceder a más datos sobre el rival de la Argentina en la final del Mundial 2026.
El temporal que azotó ayer a New Jersey le sumó todavía más suspenso a la decisión de Lionel Scaloni: el técnico, que tenía pensado realizar una breve práctica de fútbol en el último ensayo previo a la final, apenas pudo hacer algunos trabajos con pelota en el Red Bulls Performance Center, un complejo ubicado en las afueras de la ciudad donde las tormentas eléctricas se hicieron sentir con intensidad.
Aun así, el entrenador pudo realizar algunos ejercicios en los que dejó entrever, al menos, la idea que tiene para el partido con España. Y la principal novedad sería el posible regreso de Rodrigo de Paul.
La mañana en Nueva York arrancó lluviosa y con tormentas eléctricas que se hicieron fuertes durante gran parte del sábado. Los argentinos que residen en esta área de los Estados Unidos, a los que se les unieron miles de compatriotas llegados desde otros puntos de este país y también desde la Argentina, igualmente salieron a cumplir con el rito previo a cada partido de la selección. El del sábado no fue un banderazo más: fue el más convocante en la previa de la final más esperada de la historia.
La selección buscará este domingo la cuarta estrella y coronar el bicampeonato de Leo Messi, la figura argentina más influyente en el planeta.
Apenas las nubes dieron un respiro, miles de hinchas empezaron a convocarse en Times Square. La intersección de Broadway, la séptima avenida y la calle 46 se fue poblando de camisetas celestes y blancas desde las tres de la tarde. Casi tres horas después, la policía tuvo que vallar los accesos por las calles adyacentes porque estaba completamente desbordado de hinchas. Aunque fue imposible contener a la marea humana que entraba y salía del lugar.
DACCA.– En vísperas de la final de la Copa del Mundo, la capital de Bangladesh se ha sumergido en la identidad de la albiceleste, engalanando sus edificios y calles con un mar de azul y blanco. A miles de kilómetros de Buenos Aires, banderas argentinas cuelgan de las azoteas de la Universidad de Dacca, de los balcones y de los puestos callejeros en Mohammadpur y Motijhil.
En la antesala de la final de la Copa del Mundo 2026, que quedará para la historia, el fútbol se prepara para un duelo generacional que dejará un legado. Este domingo, a las 16 (hora argentina), Argentina y España se medirán en el Estadio Nueva York/Nueva Jersey para definir al nuevo campeón. En el aire se respira la tensión de dos filosofías similares, aunque distintas, que comparten un poco del ADN del Barcelona, el club que fue la cuna de los mejores jugadores de ambas selecciones.
Las selecciones de Argentina y España son dos de las potencias que tiene el mundo del fútbol y acostumbran a ser protagonistas de las instancias decisivas de los certámenes en que participan. No obstante, antes de la final del Mundial 2026 que protagonizarán este domingo en Nueva Jersey, el destino los puso cara a cara una sola vez en un encuentro oficial y fue en una Copa del Mundo.
Hacía 56 años que un futbolista no llegaba a los dos dígitos de goles marcados en un Mundial. El último había sido el bombardero alemán Gerd Müller en 1970, con 10. Este Mundial 2026, al que solo le queda un partido, en todo su desarrollo se mostró propicio para derribar marcas de efectividad por el vuelo ofensivo de varias individualidades, respaldadas por selecciones con planteos ambiciosos.
La selección de España llegó al Mundial Estados Unidos-México-Canadá 2026 como una de las máximas favoritas a quedarse con el título y cumplió con creces con esa condición hasta instalarse en la definición, más allá de un arranque con un resultado sorpresivo que puso en duda su candidatura.
Lionel Messi publicó este sábado un emotivo mensaje en su cuenta de Instagram en la previa de la final contra España por el Mundial 2026. El capitán de la selección argentina hizo un repaso sobre el recorrido del equipo y agradeció a todos los que formaron parte del proceso encabezado por Lionel Scaloni.
Si hay un país con el que los argentinos tenemos un vínculo especial, es España.
La relación se remonta al siglo XV, cuando la Corona inició la conquista del territorio americano. Durante casi 250 años, nuestras tierras formaron parte del Imperio español, un período que dejó una huella profunda en el idioma, la religión, el derecho, la organización política y las tradiciones.
La artista María Becerra publicó una sugestiva foto en redes sociales en medio de la expectativa sobre quién va a cantar el himno argentino en la final del Mundial 2026 ante España este domingo en el estadio de Nueva Jersey. La cantante y compositora nació en Quilmes, provincia de Buenos Aires, el 12 de febrero de 2000 y, tras saltar a la fama como creadora de contenido en YouTube, se convirtió en una de las máximas figuras del pop y la música urbana a nivel internacional.
El partido entre Argentina vs. España podrá verse EN VIVO por Telefe, DSports, TyC Sports, TV Pública, Disney+ Premium y Paramount+, desde las 16horas de Argentina.
Bienvenidos a la cobertura minuto a minuto de LA NACION del partido entre Argentina y España.


