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Cartas de lectores: Gracias Messi y equipo, legado, nacionalismo

Cartas de lectores: Gracias Messi y equipo, legado, nacionalismo

Imagen: La Nación · Ver original

Tremendo. Creo que en la vida de Messi la constancia, la fuerza incontenible e incansable del deseo fueron su mayor atributo. Su cerebro y sus piernas respondían a ese deseo. Eso que llamamos habilidad está alimentado por su deseo. Eso que muchas veces ubicamos en el corazón y otras en el alma. Ya desde chico, Messi regó en sus sueños el deseo de ser el mejor futbolista del mundo para poder ser campeón mundial con su selección. Y aún cuando muchos lo llamaban pecho frío, cuando su equipo fracasaba en el intento y la mitad más uno lo crucificaba, pudo superarlo y mostrar aquello de lo que era capaz de hacer. Tanta magia, tanto fútbol desplegado por el mundo, cantaba Ramiro Agulla, que hasta logró vencer el calendario y a los 39 años coronarse subcampeón mundial. Difícil, diría casi imposible, encontrar un adjetivo para él.

Gracias, Leo, gracias a ese gran equipo que supiste capitanear, gracias al enorme equipo técnico liderado por Scaloni. Nos hicieron y hacen sentir orgullosos de ser argentinos, lo cual no deja de ser otro desafío importante.

Ahora que terminó el Mundial, me quedó una reflexión. Durante poco más de un mes recuperamos una sensación que parecía perdida: la ilusión de estar unidos. Mientras jugaba la selección, la grieta parecía desaparecer. No importaban las diferencias políticas, sociales o personales. Durante noventa minutos, todos gritábamos los mismos goles, sufríamos las mismas jugadas y deseábamos lo mismo. Éramos, simplemente, argentinos alentando a la Argentina. Además, este equipo nos dejó otra enseñanza. Nunca dio un partido por perdido. Una y otra vez demostró que un resultado adverso no es un destino, sino un desafío. Jugó con convicción, sin resignarse, y nos recordó que siempre vale la pena seguir intentando. Ojalá sepamos conservar algo de lo que esta selección nos enseñó. La capacidad de unirnos detrás de un objetivo común, de no bajar los brazos cuando las cosas se complican y de creer que, aun en los momentos más difíciles, siempre es posible cambiar el resultado. Quizás ese sea el verdadero legado de nuestra selección.

Da la sensación de que la relevancia que se les otorga a las selecciones nacionales de fútbol está sobredimensionada. Parecería que una victoria de un equipo representativo de la asociación de fútbol de un país cualquiera fuera una épica gesta nacional donde queda demostrada la valía de todo un país. Suena un poco exagerado. En ese sentido, resultó sensata la consideración del entrenador argentino, Lionel Scaloni, cuando afirmó que el cotejo contra el representativo del fútbol inglés era “solo un partido de fútbol”. Alrededor de las selecciones nacionales se percibe una parafernalia nacionalista desmedida. Tal vez sería bueno, ahora que el Campeonato Mundial finalizó, procurar que, para futuras competencias deportivas, haya menos traslado del sentimiento nacionalista hacia los resultados de los equipos que representan solo al deporte. Sería más sano, más sensato, menos demesurado.

De buen nacido es ser agradecido y más cuando la entrega es absoluta. Nos renuevan la esperanza de ser mejores. Ahora a nosotros nos toca imitarlos. ¡Gracias!

Scaloni “se olvidó” de que estaba defendiendo el campeonato del mundo y tenía en su equipo al mejor jugador del planeta. Cometió un error conceptual al poner en la formación inicial a Nico González y sacar a Paredes. Entró a la cancha a regalar la pelota en lugar de salir a jugar. Prefirió salir a luchar en vez de poner jugadores con buen pie y plantear un partido de ida y vuelta; sacó a De Paul insistiendo con Simeone, quien ya había mostrado no estar en el nivel requerido para una final. Para decirlo en el lenguaje popular: nos dieron un baile bárbaro y Scaloni debe renunciar.

El motivo de la presente es hacer llegar a LA NACION la más sincera felicitación de esta misión diplomática con motivo de la publicación del editorial titulado “Israel y el genocidio armenio”. Este artículo no solo honra la histórica tradición de rigurosidad e independencia de su prestigioso medio de comunicación, sino que constituye un acto de profunda valentía editorial y un faro ético en la lucha global contra el negacionismo y el olvido institucionalizado. Al poner de relieve la imperiosa necesidad moral e histórica de reconocer el martirio del pueblo armenio, su diario realiza una contribución invaluable a la memoria colectiva, a la justicia internacional y a la prevención de futuros crímenes de lesa humanidad. Para la República de Armenia Occidental, el compromiso de los medios de prensa independientes con la verdad histórica es un pilar fundamental para consolidar el imperio del Derecho Internacional Público sobre los intereses coyunturales.

Embajador de la República de Armenia Occidental en la República Argentina

Martín Irurzun, un señor juez cuyo pasaje por la Justicia nacional es intachable. La dignidad de su desempeño y la justeza de sus sentencias honran a su persona y a la memoria de su padre, Víctor, recordado juez de instrucción. Confío en que la estela que deja su dilatado derrotero sea seguida por jueces merecedores de ese alto cargo.

“Ninguna cuenta pendiente. ¡Gracias muchachos!” -Ernesto Arrese

“Es la mejor selección que tuvo Argentina, pero decepcionaron. Después de ir perdiendo se animaron a atacar. El arquero de España tuvo 110 minutos de vacaciones” - Enrique Alberto Martí

“Salimos subcampeones y agradecemos todas las alegrías que nos dio nuestra selección. Así somos los argentinos” - Adriana García Recio

“Ganó el mejor equipo, ganó el fútbol” - Guillermo Flores

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