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El error más común al corregir a los hijos: por qué comprender el origen de la conducta ayuda a educar mejor

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Los gritos, las desobediencias, los desafíos o las faltas de respeto de niños y adolescentes suelen provocar respuestas impulsivas en los adultos.
Sin embargo, antes de reaccionar desde el enojo, la especialista en crianza Maritchu Seitún propone detenerse para comprender qué motivó ese comportamiento y responder desde una actitud más reflexiva.
Según explica la autora, detrás de cada conducta existe una razón que, aunque para los adultos pueda parecer poco importante, tiene sentido para quien la está viviendo. Comprender ese motivo no implica justificar una conducta inadecuada, sino evitar respuestas impulsivas que puedan agravar el conflicto.
Seitún señala que cuando los hijos realizan acciones que generan orgullo, como estudiar con anticipación o compartir con un hermano, los adultos suelen reconocer fácilmente la motivación que las impulsó.
En cambio, cuando aparecen conductas como gritos, insultos o desobediencia, la reacción suele ser inmediata: enojarse o corregir sin detenerse a pensar qué originó ese comportamiento.
Para la especialista, comprender el contexto permite intervenir de una forma más efectiva.
La autora sostiene que los adultos tienen la capacidad de regular sus propias respuestas y convertirse en un modelo para sus hijos.
Si reaccionan con la misma impulsividad que intentan corregir, terminan reforzando ese patrón de comportamiento en lugar de enseñar formas más saludables de afrontar los conflictos.
Aclara, además, que comprender las causas de una conducta no significa aceptar cualquier comportamiento. Los límites y las consecuencias siguen siendo necesarios cuando las acciones son inadecuadas, pero conocer el contexto permite aplicarlos desde la calma y no desde la reacción emocional.
De acuerdo con Seitún, cuando los adultos no intentan comprender lo que está ocurriendo, se activa una respuesta automática vinculada a los mecanismos más primitivos del cerebro, favoreciendo reacciones de ataque, defensa o bloqueo.
Por ese motivo recomienda hacer una pausa, respirar profundamente y tomarse unos instantes antes de responder.
Desde esta perspectiva, mantener la calma también favorece que los hijos se sientan escuchados y, posteriormente, estén más dispuestos a recibir indicaciones o correcciones.
Para Maritchu Seitún, el objetivo de la crianza es ayudar a que niños y adolescentes desarrollen recursos para responder de manera integrada y reflexiva, en lugar de actuar únicamente por impulso.
Para lograrlo, propone que los adultos también revisen sus propias respuestas automáticas y aprendan a acompañar con comprensión, sin dejar de establecer normas y consecuencias cuando sean necesarias.