lunes, 20 de julio de 2026Montevideo · 11°C · 91% humedad · Despejado
Cotizaciones BCUUSD $ 40,19UI $ 6,62UR $ 1.922,682026-07-17
Mundial 2026ESP 1-0 ARG · FRA 4-6 ENG · ENG 1-2 ARG

El Mundial que no se ve: la batalla física y mental que atraviesa un futbolista antes y durante una Copa del Mundo

·Martina Duce
El Mundial que no se ve: la batalla física y mental que atraviesa un futbolista antes y durante una Copa del Mundo

Imagen: Ámbito · Ver original

Llegar a los cuatro mejores del Mundial tiene un costo y la Selección enfrenta el desgaste físico y mental de una competencia al límite

La preparación de un futbolista de élite combina entrenamiento, recuperación, análisis y fortaleza mental antes y durante una Copa del Mundo.

Un Mundial no empieza cuando el árbitro da el primer silbatazo ni cuando los jugadores salen al campo de juego con millones de personas mirando. Para llegar a ese momento, un futbolista atraviesa meses de desgaste, planificación y trabajo silencioso donde el cuerpo y la cabeza son tan importantes como el talento.

La competencia más exigente del fútbol obliga a los jugadores a llegar al límite de sus capacidades. Detrás de cada carrera, cada decisión y cada gol hay una preparación que combina prevención de lesiones, recuperación física, control emocional y manejo de la presión.

En ese proceso intervienen profesionales que tienen la tarea de encontrar el equilibrio entre exigir al máximo y preservar al jugador. Gerardo Salorio, preparador físico con una extensa trayectoria en las selecciones juveniles argentinas y parte del desarrollo de varias generaciones de futbolistas, conoce de cerca cómo cambió la preparación en el fútbol de élite.

El especialista advierte que la diferencia entre un jugador y otro muchas veces está marcada por el contexto en el que compiten durante la temporada. “No es lo mismo un jugador de Argentina que un jugador de otra latitud. Cuando juegan en la Liga local tenés un mayor margen de poder entrenar y hacer determinadas cosas. Los jugadores argentinos que juegan en Europa son propensos a tener problemas; sobrepasan los 50 partidos promedio en la temporada y son jugadores de alto riesgo”.

Gerardo Salorio, referente de las selecciones juveniles argentinas, detalló el trabajo invisible detrás de un futbolista mundialista.

Los viajes, las competencias internacionales y la intensidad de los torneos hacen que los cuerpos acumulen desgaste durante meses. Para Salorio, ese escenario obliga a trabajar con precisión y entender que cada jugador llega con una historia física diferente: “La preparación se acota a algo muy sencillo: dar el diagnóstico de lo que necesitan, trabajar la prevención de lesiones, hacer los retoques necesarios (que no son muchos), descansar y tratar de que las cargas sean las justas que necesita cada jugador. No es un trabajo fácil, pero es ordenado”.

El Mundial también plantea un problema que excede a los equipos: el calendario. En un escenario ideal, los futbolistas tendrían un período específico para descansar y prepararse, pero la realidad del fútbol actual obliga a adaptarse a temporadas largas y exigentes: “Lo ideal sería que todos los campeonatos del mundo terminen en una determinada fecha, que los jugadores tengan 10 días de vacaciones y luego 20 días de trabajo para el mundial. Pero no creo que se pongan de acuerdo porque cada federación tiene su manera de pensar. Hay que adaptarse a lo que hay”.

Enzo Fernández es uno de los ejemplos de la exigencia que enfrentan los futbolistas argentinos en Europa, con temporadas cargadas de partidos y viajes internacionales.

El Mundial también obliga a pensar el fútbol desde otros factores externos. En 2026, el clima se convirtió en una variable determinante: las altas temperaturas pueden cambiar el ritmo de los encuentros y transformar la resistencia física en una diferencia competitiva.

Dentro de ese escenario apareció un elemento que modificó la forma de leer los partidos: la pausa de hidratación. Para Salorio, esos minutos no representan solamente un descanso, sino una oportunidad táctica para reorganizar un equipo en plena competencia: “La hidratación en el Mundial sí sirve. Ahora hay que pensar el partido de otra manera: son cuatro tiempos de 25 minutos. Podés estructurar el trabajo mental, técnico y táctico: ‘estos 25 minutos hacemos presión alta, después nos hidratamos, nos recuperamos y pasamos a hacer presión media’”.

En un torneo corto, donde los equipos no tienen semanas para corregir, la recuperación se vuelve una herramienta tan importante como la táctica. Comer bien, dormir, tratar lesiones y sostener el nivel físico forman parte de una competencia invisible que también define resultados.

La ciencia del deporte transformó la manera de preparar a los jugadores para el torneo más exigente del fútbol.

El fútbol moderno sumó herramientas que permiten medir cada movimiento. Los GPS, los datos físicos y los análisis biomecánicos ofrecen información constante sobre el rendimiento de un jugador. Sin embargo, para Salorio, hay una parte del diagnóstico que todavía depende de la experiencia del profesional: “Para saber si un jugador está listo mirás la marcha, la biomecánica que tenés grabada en la cabeza. Si ves que en un momento determinado está con el freno de mano, es porque ese desgarro todavía no se curó. Por más que el GPS te dé la valorización y el diagnóstico, vos tenés el diagnóstico visual”.

En ese equilibrio entre datos y percepción también aparece un desafío: el futbolista muchas veces quiere jugar incluso cuando su cuerpo todavía no está preparado. La necesidad de competir puede llevarlo a minimizar molestias o acelerar procesos.

Pero el Mundial no solo exige desde lo físico. En un torneo donde millones de personas observan cada decisión, la presión mental puede convertirse en un factor decisivo. Los jugadores deben convivir con expectativas externas, críticas, redes sociales y la propia exigencia interna.

El psicólogo deportivo Damián Camaño explicó que la preparación mental forma parte de la estructura de un futbolista de elite: “El abordaje en la psicología del deporte va por el lado cognitivo: concentración, toma de decisiones, percepción; y por el lado emocional: el manejo y la respuesta ante la presión”.

Dentro de esa preparación, uno de los objetivos principales es que el jugador pueda identificar cómo responde ante distintos escenarios y desarrollar recursos propios para competir. La presión, según el especialista, no aparece de un solo lugar: “La presión está afuera (el contexto, el público, la prensa, las redes sociales) y está adentro (la autoexigencia). Ante eso, el acompañamiento se enfoca primero en el autoconocimiento: que el deportista conozca sus puntos fuertes, sus áreas de mejora y sus aspectos más vulnerables en relación a la presión”.

Detrás de cada partido mundialista existe un trabajo silencioso donde el cuerpo y la mente se convierten en factores decisivos.

En un partido de Mundial, una equivocación puede quedar marcada para siempre. Un penal errado, un pase perdido o una mala decisión pueden convertirse en imágenes repetidas durante años. Por eso, una de las tareas principales de la psicología deportiva es enseñar a convivir con el error sin quedar atrapado en él.

Camaño explicó que el problema no es fallar, sino perder la capacidad de responder después de la equivocación: “La gestión del error es, básicamente, poder convivir con esa posibilidad para que no sea un condicionante determinante de la ejecución. Si estoy pensando constantemente en qué pasa si me equivoco, se reduce mi rendimiento porque pierdo soltura”.

La diferencia entre los grandes futbolistas muchas veces aparece en ese instante: la capacidad de pasar página dentro del mismo partido. Analizar después, corregir y aprender forma parte del proceso, pero durante los 90 minutos la prioridad es volver a competir.

La Selección argentina afrontará este domingo la final del Mundial 2026 frente a España después de un recorrido de máxima exigencia. El equipo de Lionel Scaloni llega tras disputar dos encuentros con tiempo suplementario ante Cabo Verde y Suiza, además de una semifinal de alta intensidad frente a Inglaterra, una acumulación de esfuerzo que obligó al cuerpo técnico a priorizar la recuperación física y mental durante toda la semana.

A esta altura del torneo, el talento por sí solo ya no alcanza. Los futbolistas arrastran golpes, una importante carga de minutos y el desgaste emocional propio de una Copa del Mundo. Por eso, cada entrenamiento, cada descanso y cada decisión médica se vuelve determinante para llegar en las mejores condiciones al partido que definirá al campeón.

En la previa de la final, Scaloni mantuvo una planificación enfocada en administrar las cargas del plantel y evitar riesgos innecesarios. Incluso, en el último entrenamiento, el entrenador conservó dos dudas en la formación, una en el lateral derecho y otra en el mediocampo, mientras terminaba de evaluar el estado físico de sus futbolistas antes del encuentro en el MetLife Stadium de Nueva Jersey.

La experiencia también aparece como un factor decisivo. Futbolistas como Lionel Messi, que disputará su tercera final mundialista, deberán combinar el esfuerzo físico acumulado con la fortaleza mental que exige un partido de estas características. Del otro lado estará una España que también atravesó un camino de alta exigencia para llegar a la definición.

En una final del mundo, donde los márgenes son mínimos y cualquier detalle puede inclinar la balanza, el equilibrio entre el cuerpo y la cabeza vuelve a ocupar un lugar central. La recuperación, la capacidad para sostener la intensidad durante los 90 minutos (o incluso más si hay alargue) y la gestión emocional serán factores tan importantes como la estrategia o el talento individual para levantar la Copa del Mundo.

El Mundial que no se ve: la batalla física y mental que atraviesa un futbolista antes y durante una Copa del Mundo | Nación UY