Elon Musk tuvo que ceder ante la Unión Europea para evitar una multa millonaria

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La ascendencia económica y política estadounidense sobre la Unión Europea tiene un límite: la capacidad del bloque de imponer sus normas tanto a sus empresas como a las extranjeras, aunque sean propiedad del hombre más rico del mundo y amigo del presidente estadounidense. Esta semana le tocó a X, la plataforma del magnate Elon Musk. Cedió porque de lo contrario se enfrentaba a una multa multimillonaria.
La Comisión Europea presentó el acuerdo sin hacer sangre, pero X acepta ahora lo que no aceptó durante años, desde que fue comprada por Elon Musk cuando se llamaba Twitter. Bruselas anunció que la empresa aceptó aplicar “un plan de medidas correctivas”, como se le había exigido, porque varios aspectos de su funcionamiento violaban el Acta de Servicios Digitales aprobada en 2024 y que tanto molesta a la Administración Trump, que entiende que es una ley para censurar sus plataformas.
Los servicios de la Comisión Europea dijeron también que aceptaban “las medidas correctivas” aplicadas a la marca azul de verificación que usa X. “Es un paso en la buena dirección”, dijo Thomas Regnier, portavoz comunitario para los asuntos de Soberanía Tecnológica. La corrección no le sirve a X para recuperar los 120 millones de euros que pagó en diciembre por no haber hecho esos cambios antes y sin ser forzada a ello.
Las investigaciones de la Comisión Europea sobre X siguen su curso, pero estas correcciones aplicadas por la plataforma sí cierran todas las relativas a transparencia. Y son, sobre todo, la prueba de que el mercado europeo es tan grande que ninguna plataforma puede darse el lujo de desafiar indefinidamente a la Comisión Europea.
La Comisión Europea, brazo ejecutivo de la UE, aseguró en un comunicado que “las medidas aprobadas representan un paso importante para permitir que los investigadores, la sociedad civil y el público en general dispongan de una mayor transparencia sobre los sistemas de X, en particular para supervisar los riesgos sistémicos de X y evaluar el impacto más amplio de la plataforma en sus usuarios y en la sociedad europea en su conjunto”.
Bruselas recuerda que Musk acepta los cambios, en parte, porque la presión de la Comisión Europea ha sido constante, con varios expedientes abiertos y una multa importante el pasado diciembre. La empresa fue aguantando hasta que vio que la Comisión Europea no iba a cejar y ahora acepta esos cambios.
La Comisión Europa anunció que la plataforma volverá a permitir que investigadores se conecten mediante una API, del inglés ‘Application Programming Interface’.
Las API son un conjunto de reglas que permite que un programa se comunique con otro. Cuando hablamos de plataformas como X, la API es una especie de puerta que X ofrece para que aplicaciones externas puedan interactuar con ella. Una API puede desde publicar contenido automáticamente hasta consultar estadísticas o buscar publicaciones que tengan determinadas palabras. Es una herramienta esencial para quienes quieren investigar los contenidos de la plataforma.
Además, X también acepta la imposición de la Comisión Europea de permitir que investigadores tengan un acceso efectivo “a los datos públicos, mejorando y acelerando el proceso de evaluación de las solicitudes, ofreciendo acceso gratuito a los datos y actualizando sus condiciones de uso para dejar de prohibir contractualmente que los investigadores autorizados recopilen datos públicos”.
X aceptó incluso que una empresa independiente audite cómo aplica esos cambios. Si la empresa dicta que no los aplica adecuadamente emitirá un informe con recomendaciones que la plataforma deberá aplicar íntegramente. La empresa de Elon Musk tiene ahora seis meses para aplicar todos los cambios pactados con la Comisión. La Comisión recuerda que estará encima de la plataforma supervisando los avances.
El expediente que se cierra con estos cambios se remonta a julio de 2024, hace ya dos años. Entonces, el Ejecutivo europeo abrió una investigación formal que llevó a esa multa de 120 millones. El engañoso diseño del tick azul y otras infracciones al Acta de Servicios Digitales, como la opacidad en los anuncios y el incumplimiento a la hora de permitir acceso a investigadores, habían desatado la actuación de la Comisión Europea. Dos años después, Musk cede.
Colaborador de Clarín en Bruselas elmundo@clarin.com
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