La evaluación del presidente Yamandú Orsi mejoró entre junio y agosto, pero sigue mostrando un balance mayoritariamente negativo. La encuesta de Cifra divulgada el jueves 20 de agosto registró 26% de aprobación y 57% de desaprobación. Otro 10% no aprobó ni desaprobó la gestión y 7% no respondió. La medición anterior, realizada en junio, había ubicado la aprobación en 20%, la desaprobación en 65% y los juicios intermedios o sin respuesta en 15%.
El dato central tiene dos lecturas que deben mantenerse juntas. Por un lado, Orsi recuperó seis puntos de aprobación y la desaprobación bajó ocho. La directora de Cifra, Mariana Pomiés, sostuvo que ambos movimientos son estadísticamente significativos y que la suba supera el margen de error. Por otro lado, la desaprobación continúa superando ampliamente a la aprobación: el repunte corta la caída observada durante los primeros meses de 2026, pero todavía no constituye una evaluación positiva de la gestión.
Qué cambió entre junio y agosto
La forma más directa de observar el movimiento es comparar las cuatro categorías. La aprobación pasó de 20% a 26%; la desaprobación, de 65% a 57%; y el conjunto formado por quienes adoptan una posición intermedia o no contestan pasó de 15% a 17%. No hubo, por tanto, un traslado completo desde la desaprobación hacia la aprobación: una parte del cambio también terminó en posiciones neutrales o indefinidas.
Otra manera de resumirlo es calcular el saldo entre aprobación y desaprobación. En junio era de 45 puntos negativos: 20% aprobaba y 65% desaprobaba. En agosto quedó en 31 puntos negativos, con 26% frente a 57%. El balance mejoró 14 puntos, aunque permanece claramente por debajo de cero. Es un cálculo descriptivo realizado a partir de los porcentajes publicados por Cifra; no es un indicador adicional elaborado por la consultora.
La encuesta se realizó entre el 1.º y el 18 de agosto sobre una muestra de 1.000 casos representativa de todo el país. El período de campo importa: las respuestas reflejan la opinión recogida durante esas fechas y no necesariamente incorporan hechos políticos posteriores al 18 de agosto. También debe recordarse que una encuesta es una estimación de la población, no un conteo exacto de todos los uruguayos.
La identificación partidaria explica buena parte de la brecha
Los resultados cambian de forma marcada cuando se ordenan según el voto declarado en 2024. Entre los votantes del Frente Amplio, 48% aprobó la gestión, 32% la desaprobó, 13% se ubicó en una posición intermedia y 7% no respondió. Incluso dentro de la base oficialista la aprobación no alcanzó la mitad, aunque fue el único grupo en el que superó a la desaprobación.
Entre los votantes de los partidos de la Coalición Republicana, la estructura fue casi inversa: 8% aprobó, 80% desaprobó, 6% no aprobó ni desaprobó y otro 6% no contestó. En el grupo integrado por votantes de otros partidos y personas que prefirieron no declarar su voto, la aprobación fue de 14%, la desaprobación de 69%, los juicios intermedios de 10% y la falta de respuesta de 7%.
Esta segmentación ayuda a interpretar el promedio nacional. La mejora general provino especialmente de una valoración menos negativa entre votantes frenteamplistas, según el análisis presentado por Pomiés. No significa que todos los electores de un mismo partido piensen igual, pero sí confirma que la evaluación presidencial está fuertemente atravesada por la identificación política.
Evaluación de gestión y simpatía no son lo mismo
Cifra también preguntó por la popularidad personal de Orsi. En ese indicador, 43% expresó simpatía, 42% antipatía y 15% una posición neutral o sin opinión. El resultado es mucho más equilibrado que la evaluación del gobierno: la simpatía personal supera en 17 puntos a la aprobación de la gestión.
La diferencia muestra por qué no conviene mezclar indicadores. Una persona puede valorar favorablemente al presidente como figura pública y, al mismo tiempo, desaprobar decisiones o resultados de su administración. Del mismo modo, aprobar una gestión no equivale necesariamente a votar por el oficialismo en una futura elección. La encuesta difundida mide evaluación y popularidad; no es una encuesta de intención de voto.
Entre votantes del Frente Amplio, la simpatía hacia Orsi alcanzó 71%, mientras la aprobación de la gestión quedó en 48%. En los partidos de la coalición, la simpatía fue de 17% y la aprobación de 8%. La distancia en ambos bloques sugiere que la imagen personal conserva un margen más favorable que el juicio sobre el desempeño gubernamental.
Qué puede explicar el repunte y qué no puede afirmarse
Pomiés planteó como hipótesis que pudieron incidir las recorridas del Frente Amplio para escuchar a su militancia y cambios en la comunicación presidencial. Son interpretaciones de la directora de la consultora, no variables que la encuesta haya demostrado como causas. Con una sola medición no es posible atribuir el movimiento a una estrategia específica ni separar cuánto corresponde a decisiones del gobierno, acontecimientos coyunturales o cambios en el clima político.
La mejora tampoco permite afirmar que Orsi haya consolidado un cambio de tendencia. Para hablar de una recuperación sostenida sería necesario que futuras encuestas, de Cifra y de otras empresas, confirmaran el movimiento. Pomiés señaló precisamente que habrá que esperar una nueva medición para saber si el 20% de junio fue un piso o si agosto representa una oscilación dentro de una evaluación todavía negativa.
El contexto histórico citado por la consultora también exige cautela. Cifra señaló que, a una altura comparable de sus mandatos, los presidentes anteriores —con la excepción de Jorge Batlle— tenían mejores niveles de aprobación. Esa comparación permite dimensionar la dificultad política del gobierno, pero no vuelve idénticos períodos atravesados por condiciones económicas, sociales y políticas diferentes.
Qué significa para el gobierno y la oposición
Para el Poder Ejecutivo, el resultado ofrece una señal de alivio: se detuvo la caída y la mejora supera el margen de error informado por Cifra. A la vez, el 57% de desaprobación indica que el gobierno todavía enfrenta un problema de confianza y evaluación que no se resuelve con el repunte de una sola ola. El desafío será transformar la recuperación dentro de su base en una mejora más amplia entre votantes independientes y opositores.
Para la oposición, la mayoría de desaprobación mantiene un terreno favorable para cuestionar la gestión, pero la reducción desde 65% advierte que el deterioro no siguió profundizándose durante el período medido. Ninguno de los dos bloques puede leer la encuesta como una definición electoral: faltan años para la próxima elección nacional y las opiniones sobre una administración pueden cambiar varias veces.
La conclusión más precisa es que agosto produjo una mejora real dentro de un escenario aún adverso. Orsi recuperó aprobación, redujo el rechazo y mantiene una imagen personal mejor que la evaluación de su gobierno. Sin embargo, la desaprobación continúa siendo mayoritaria, la polarización partidaria es intensa y una nueva medición será necesaria para saber si comenzó una tendencia o si se trató de un repunte puntual.
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