El clima podría transformarse en uno de los factores determinantes para la producción uruguaya durante los últimos meses de 2026.
El fenómeno de El Niño ya está instalado y continúa fortaleciéndose, según los principales organismos nacionales e internacionales de monitoreo climático. Para Uruguay, su principal consecuencia esperada es un aumento de la probabilidad de precipitaciones superiores a lo normal durante la primavera y el comienzo del verano, con una señal particularmente importante sobre el norte del país.
El Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) comenzó incluso a emitir recomendaciones específicas para productores agrícolas, ganaderos, lecheros, arroceros, hortícolas, frutícolas y forestales ante un escenario que puede resultar muy favorable si las lluvias llegan en cantidades adecuadas, pero perjudicial si se transforman en excesos persistentes.
NOAA elevó fuertemente la previsión para El Niño
La actualización publicada este 13 de agosto por el Climate Prediction Center de la NOAA muestra un fortalecimiento muy rápido del fenómeno.
El organismo estadounidense estima actualmente que existe más de 90% de probabilidad de que El Niño alcance una intensidad “muy fuerte” durante la primavera y el verano del hemisferio sur.
La previsión es todavía más llamativa para el trimestre octubre-noviembre-diciembre: NOAA calcula una probabilidad de 69% de que el episodio alcance una magnitud considerada histórica, superando los +2,5 °C en el índice RONI trimestral y ubicándose por encima de los episodios registrados desde 1950 bajo esa métrica.
Además, el pronóstico probabilístico actualizado en agosto otorga un 95% de probabilidad de que entre octubre y diciembre el índice alcance al menos la categoría de El Niño muy fuerte, de +2 °C o superior.
Esto no significa que Uruguay vaya necesariamente a sufrir inundaciones ni que vaya a llover continuamente durante varios meses.
El propio NOAA advierte que una mayor intensidad de El Niño aumenta la confianza en determinados impactos climáticos regionales, pero no garantiza que esos efectos ocurran de la misma manera en todos los lugares.
Qué se espera para Uruguay
INIA considera que el fenómeno aumenta para Uruguay la probabilidad de precipitaciones superiores a lo normal durante la primavera y comienzos del verano, particularmente en el norte.
La señal es especialmente relevante porque abarca meses decisivos para buena parte de la producción nacional: finalización de los cultivos de invierno, siembra de cultivos de verano, crecimiento de pasturas, comienzo de la zafra arrocera y una etapa crítica para la producción ganadera y lechera.
En materia de temperaturas, el último pronóstico estacional disponible de INUMET para julio-agosto-setiembre asigna una mayor probabilidad a temperaturas medias por encima de lo normal en todo el territorio nacional, con 40% de probabilidad para el tercil superior.
A medida que avance la primavera, sin embargo, la variable que probablemente pase a ocupar el centro de atención será la lluvia.
Para el agro, El Niño no es necesariamente una mala noticia
Existe una diferencia fundamental entre El Niño y una sequía.
Uruguay tiene buena parte de su producción agropecuaria dependiente directamente de las precipitaciones. Cuando falta agua durante etapas críticas, disminuyen las pasturas y los rendimientos agrícolas pueden caer fuertemente.
Un año con buena disponibilidad hídrica puede, por el contrario, permitir mayor producción de pasto, mejores rendimientos agrícolas y una mayor disponibilidad de agua para animales y reservas.
INIA señala precisamente que los años Niño suelen generar oportunidades para aumentar la productividad de algunos sistemas gracias a una mejor disponibilidad de agua.
El problema aparece cuando se cruza una línea: más agua no siempre significa más producción.
Si las precipitaciones son demasiado frecuentes o intensas, comienzan a aparecer anegamientos, barro, imposibilidad de ingresar maquinaria, pérdidas de nutrientes, dificultades para aplicar productos y fertilizantes, problemas sanitarios y atrasos en las fechas óptimas de siembra o cosecha.
Por eso, el escenario que enfrenta Uruguay puede resumirse como una combinación de alto potencial productivo y mayor riesgo operativo.
Maíz y soja podrían estar entre los beneficiados si las lluvias son bien distribuidas
Los cultivos de verano son extremadamente sensibles a la disponibilidad de agua durante determinados momentos de su desarrollo.
Trabajos realizados por INIA en Uruguay han mostrado que, en condiciones de secano, los rendimientos de maíz y soja aumentan cuando existe una mejor disponibilidad hídrica durante sus fases reproductivas, particularmente durante diciembre, enero y febrero para el maíz y enero-febrero para la soja.
Por eso, una primavera y un verano con lluvias adecuadamente distribuidas podrían configurar un escenario favorable para la próxima cosecha de verano.
El maíz podría ser uno de los grandes beneficiados si atraviesa sus períodos críticos sin estrés hídrico.
La soja también puede responder positivamente si dispone de agua durante floración y llenado de grano.
Pero un El Niño extremadamente húmedo cambia nuevamente la ecuación.
Suelos saturados durante largos períodos pueden generar problemas de implantación, impedir el ingreso de maquinaria y reducir las ventanas disponibles para realizar las tareas agrícolas.
No será solamente importante cuánto llueva, sino fundamentalmente cómo se distribuyan esas lluvias.
Trigo, cebada y colza: la humedad puede convertirse en un problema
Para los cultivos de invierno, el momento de llegada de las lluvias será particularmente importante.
Trigo, cebada y colza estarán atravesando durante la primavera etapas decisivas de su ciclo y posteriormente la cosecha.
INIA incorporó específicamente a estos cultivos entre aquellos para los cuales recomienda adoptar medidas de manejo ante el año Niño.
La preocupación principal pasa por períodos prolongados de humedad, que pueden elevar la presión de enfermedades y reducir las oportunidades para ingresar a los campos a realizar aplicaciones o cosechar.
En el trigo, por ejemplo, la fusariosis de la espiga es considerada por INIA una de las principales enfermedades del cultivo en Uruguay.
Por eso, una primavera lluviosa no tiene necesariamente el mismo efecto sobre un cultivo de invierno próximo a cosechar que sobre un maíz que está comenzando su ciclo.
Arroz: tener agua no siempre es una ventaja
El arroz presenta una situación particularmente interesante.
Podría parecer que un escenario lluvioso siempre resulta beneficioso para un cultivo que necesita grandes cantidades de agua.
INIA advierte que no necesariamente es así.
Para el arroz irrigado, el principal riesgo de un año muy húmedo no estaría necesariamente en la disponibilidad de agua para llenar las represas, sino en la posibilidad de que las precipitaciones excesivas impidan preparar los terrenos, sembrar, fertilizar, inundar, proteger y posteriormente cosechar en los momentos adecuados.
El factor decisivo nuevamente será la oportunidad.
Tener agua disponible es positivo. No poder ingresar durante semanas a una chacra porque el suelo está saturado puede ser exactamente lo contrario.
Ganadería: más pasto puede impulsar la producción
Para la ganadería bovina, un escenario con mayor disponibilidad de agua tiene un potencial claramente positivo.
La primavera y el verano son períodos esenciales para la producción de campo natural y pasturas implantadas.
Una buena disponibilidad hídrica puede generar más forraje, mejorar la condición corporal de los animales y favorecer tanto la recría como la producción de carne.
Esto puede resultar especialmente importante después de períodos donde determinados puntos del país tuvieron menor disponibilidad de agua.
Sin embargo, INIA advierte que el exceso de humedad también aumenta los riesgos sanitarios.
Temperaturas elevadas combinadas con lluvias persistentes pueden modificar las condiciones en las que se desarrollan vectores, parásitos y distintos agentes patógenos de bovinos y ovinos, alterando incluso los patrones estacionales habituales de algunas enfermedades.
Por eso, para la ganadería un año Niño puede representar al mismo tiempo más comida y más presión sanitaria.
Lechería: oportunidad productiva, pero riesgo de barro
La producción lechera es otro de los sectores que podría beneficiarse fuertemente si las lluvias se mantienen dentro de niveles razonables.
INIA señala que una mayor precipitación suele favorecer la producción de forraje, especialmente en el centro del país y sobre suelos con menor capacidad de almacenamiento de agua.
Eso permitiría disponer de más alimento producido dentro de los establecimientos y potencialmente reducir la dependencia de suplementos.
Pero los tambos también son particularmente sensibles al exceso de agua.
INIA advierte que episodios muy húmedos pueden dificultar el pastoreo, el movimiento de los animales y diferentes tareas del tambo, además de incrementar determinados riesgos sanitarios.
El barro puede transformarse entonces en uno de los principales enemigos de la producción.
Horticultura y fruticultura estarán bajo vigilancia
Los sistemas hortícolas y frutícolas también aparecen expresamente incluidos por INIA entre los sectores para los cuales existen oportunidades y riesgos asociados al actual episodio de El Niño.
Una mayor disponibilidad de agua reduce las necesidades de riego, pero una sucesión de lluvias frecuentes puede dificultar tratamientos, cosechas y acceso a las plantaciones, además de generar condiciones ambientales más favorables para enfermedades.
En producciones intensivas, donde pequeñas superficies concentran cultivos de alto valor, tormentas severas, granizo o inundaciones puntuales pueden además producir pérdidas muy importantes aun cuando el balance de lluvias del conjunto del país sea favorable.
La apicultura ya recibió recomendaciones específicas del MGAP
El Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca también comenzó a prepararse para el escenario Niño.
Para la apicultura, el MGAP recomienda evitar instalar colmenas en zonas inundables o cerca de cursos de agua, mantenerlas elevadas sobre el suelo, reforzar el monitoreo sanitario y anticipar tareas cuando las lluvias puedan dificultar el acceso a los apiarios.
El Ministerio también recordó que subsidia hasta 70% del costo de la prima del Seguro Apícola del Banco de Seguros del Estado, dependiendo de la cantidad de colmenas del productor.
La decisión de emitir recomendaciones específicas con varios meses de anticipación muestra que el escenario climático está siendo tomado en serio por las autoridades agropecuarias.
El norte podría ser una de las regiones donde más se note
INIA identifica actualmente al norte de Uruguay como la zona donde aparece la señal más clara de aumento de precipitaciones durante la primavera y principios del verano.
Esto puede resultar favorable para sistemas ganaderos y agrícolas que dependen fuertemente del agua disponible en el suelo.
Pero también implica que departamentos como Artigas, Salto, Paysandú, Rivera y Tacuarembó deberán seguir especialmente la evolución de lluvias, caudales y saturación de suelos si el evento finalmente alcanza la magnitud proyectada.
No obstante, El Niño afecta patrones atmosféricos a escala regional y no existe una frontera climática exacta: episodios de lluvias fuertes pueden ocurrir también en el litoral, centro, este y sur.
¿Puede terminar siendo positivo para la economía uruguaya?
Sí.
Un año Niño no implica necesariamente una mala zafra. De hecho, si las precipitaciones son abundantes pero razonablemente distribuidas, el balance para Uruguay puede terminar siendo productivamente favorable.
Más agua puede significar más pasto, mejores cultivos de verano, mayor producción ganadera y mejores reservas hídricas.
El riesgo está en la intensidad.
Si el escenario evoluciona hacia sucesivas lluvias intensas y suelos permanentemente saturados, el beneficio de disponer de agua puede convertirse rápidamente en perjuicio.
La diferencia entre ambos escenarios puede depender de pocos eventos climáticos y de las fechas en que ocurran.
Una lluvia intensa en determinado momento puede ser excelente para un maíz y simultáneamente perjudicar un trigo próximo a cosechar.
Un El Niño excepcional no garantiza un clima excepcional en Uruguay
Este es uno de los puntos más importantes para interpretar correctamente las previsiones.
NOAA estima una probabilidad superior al 90% de un El Niño muy fuerte y 69% de que durante octubre-diciembre alcance una magnitud histórica bajo su índice RONI.
Pero eso no permite afirmar que Uruguay tendrá necesariamente lluvias récord.
Los fenómenos ENSO modifican probabilidades. No determinan exactamente el tiempo que tendrá cada país durante cada semana.
El océano Atlántico, los sistemas regionales, la circulación atmosférica y otros fenómenos de menor escala continuarán influyendo sobre las precipitaciones uruguayas.
Lo que sí cambia es el punto de partida: la probabilidad de una primavera y comienzo del verano húmedos es ahora mayor que meses atrás y el propio sector agropecuario uruguayo ya comenzó a prepararse para esa posibilidad.
Los próximos tres meses serán decisivos
Agosto todavía forma parte de la transición.
Entre setiembre y octubre debería comenzar a observarse con mayor claridad hasta qué punto el fortalecimiento de El Niño se traduce en cambios sobre el régimen de precipitaciones de Uruguay.
Octubre, noviembre y diciembre serán los meses a seguir con mayor atención.
Coincidirán además con un El Niño que, según NOAA, podría encontrarse cerca de su máxima intensidad y con una etapa crítica para buena parte de la producción agropecuaria nacional.
El escenario inicial tiene dos caras.
Para el agro, más agua puede representar una oportunidad importante después de años marcados reiteradamente por el riesgo de déficit hídrico. Pero si el Niño excepcional que se está formando termina provocando precipitaciones excesivas y persistentes, el problema podría dejar de ser la falta de agua para pasar a ser exactamente el contrario.
INIA resume la estrategia en tres conceptos: anticipación, monitoreo y planificación.
En una economía fuertemente vinculada al agro, lo que ocurra con las lluvias durante los próximos meses no será solamente una cuestión meteorológica: podrá tener consecuencias directas sobre los volúmenes de producción, los costos de los productores y el desempeño de una parte importante de la economía uruguaya durante 2027.
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