El consumo uruguayo atraviesa 2026 con una señal positiva, pero sin un boom. Los hogares gastan más que un año atrás y compran algo más de volumen en los comercios de consumo masivo, aunque el avance es moderado, varía mucho según la zona y convive con caídas relevantes en servicios, pequeños negocios y bienes durables. La respuesta a la pregunta de si el consumo subió o bajó depende, por eso, de qué se mida y en qué período.
La fotografía más amplia proviene de las Cuentas Nacionales del Banco Central del Uruguay. En el primer trimestre de 2026, el gasto de consumo final de los hogares creció 2,9% en términos reales frente al mismo período de 2025. El impulso vino de bienes importados de consumo —en particular vehículos y otros durables—, compras realizadas mediante franquicias y servicios financieros y de telecomunicaciones. El consumo privado creció bastante más que el PIB, que avanzó 0,9% interanual.
Una segunda medición, más cercana a la compra cotidiana, muestra una recuperación menor. El Radar Scanntech registró para enero-junio un aumento de 1,1% en el consumo masivo respecto al primer semestre de 2025. La facturación subió 3,3%, las unidades vendidas 1,7% y el precio promedio 2,2%. La diferencia importa: no todo el aumento de la caja de los comercios fue inflación, porque también se vendieron más productos, pero el volumen creció a un ritmo bajo. El relevamiento procesa unos 30 millones de tickets mensuales de más de 7.000 puntos de venta y unas 250 categorías.
La tercera fotografía parece, a primera vista, contradictoria. La encuesta de actividad de la Cámara de Comercio y Servicios del Uruguay, elaborada con Equipos Consultores, informó una caída interanual de 1,1% en las ventas reales del comercio y los servicios durante el primer trimestre. El comercio retrocedió 0,4% y los servicios 6,8%. No mide lo mismo que el BCU ni que Scanntech: trabaja con una muestra de 320 empresas y 20 rubros, deflacta las ventas declaradas y abarca actividades que van desde supermercados hasta hoteles, restaurantes, informática, seguridad y publicidad. Las tres fuentes, leídas juntas, describen una economía en la que el gasto agregado de los hogares avanza, el consumo masivo mejora lentamente y una parte importante de las empresas todavía vende menos.
Montevideo y el interior: no hay una única brecha
En el consumo masivo del primer semestre, Montevideo creció 1%, prácticamente en línea con el promedio nacional. Algunas zonas del interior tuvieron un desempeño claramente superior: Salto y Paysandú, tomadas como región, aumentaron 4%; Maldonado también avanzó 4%; y Artigas y Rivera crecieron 3%. El dato permite afirmar que el mayor dinamismo estuvo fuera de la capital, pero no que todo el interior se comportó igual. Las realidades de la costa, el litoral, la frontera y el centro son distintas, y el reporte semestral difundido no ofrece un valor único que represente a los 18 departamentos del interior.
Cuando se amplía la mirada a comercio y servicios durante el primer trimestre, la relación cambia. La encuesta de la Cámara registró una baja total de 0,8% en Montevideo y de 3,7% en el interior. En el comercio propiamente dicho, la capital quedó casi estable, con -0,1%, mientras el interior cayó 3,8%. En servicios ocurrió lo contrario: Montevideo retrocedió 7,3% y el interior 2,7%. Dentro del interior, el litoral presentó la contracción más fuerte del conjunto relevado, de 5,7%.
La conclusión territorial exige precisión. Las compras de alimentos, bebidas, limpieza y cuidado personal crecieron más en varias plazas del interior que en Montevideo, pero el universo más amplio de empresas comerciales y de servicios mostró debilidad general y una caída más pronunciada del comercio del interior. No es correcto usar un solo indicador para afirmar que toda la capital está estancada o que todo el interior está en expansión.
Qué aumentó en la compra cotidiana
Alimentos fue la familia de consumo masivo con mayor crecimiento en el primer semestre: 1,6%. El avance estuvo liderado por productos de copetín, con 12,9%, y frescos, con 5,3%. En categorías más específicas se destacaron las barras de cereales, con 62%; las pizzas congeladas, con 18%; y el arroz saborizado y los snacks salados, ambos con 13%. Las variaciones muy altas deben interpretarse con cautela: una categoría pequeña puede crecer mucho porcentualmente sin mover de igual forma el total de la canasta.
Limpieza aumentó 1,3%. Dentro de esa familia, el cuidado de la ropa creció 2,5% y el cuidado del hogar 0,9%. Las bolsas de residuos subieron 17% y los limpiadores 10%. Bebidas avanzó 1,1%, impulsada por las alternativas sin alcohol, que crecieron 1,3%. Los mixers listos para tomar aumentaron 8% y las aguas 5%.
Cuidado personal quedó prácticamente estable, con un incremento de apenas 0,1%, pero escondió movimientos importantes. Los productos para bebés subieron 6,2% y cuidado oral 3,9%; dentro de este último grupo, los cepillos de dientes crecieron 26%. Las toallas húmedas avanzaron 10%. Es un patrón de recuperación selectiva: algunos productos de uso frecuente o asociados al cuidado básico avanzaron, mientras otros gastos más postergables perdieron terreno.
Qué disminuyó en consumo masivo
Las caídas más claras se concentraron dentro de familias que, en el agregado, terminaron en terreno positivo. Los congelados bajaron 2,7% y los lácteos 0,1%. Que las pizzas congeladas hayan aumentado al mismo tiempo que el conjunto de congelados cayó muestra por qué no alcanza con mirar una sola categoría: hubo sustituciones dentro del propio rubro.
Las bebidas alcohólicas retrocedieron 1,9%, frente al aumento de las opciones sin alcohol. En cuidado personal, cosmética cayó 2,9% e higiene 1,3%. Estos datos no permiten conocer por sí solos la causa. Pueden influir precios relativos, promociones, cambios de marca, compras en otros canales o una mayor selección del gasto. Lo que sí muestran es que la recuperación no se repartió de manera uniforme.
Los ganadores y perdedores fuera del supermercado
La encuesta empresarial del primer trimestre permite observar rubros que Scanntech no cubre de la misma manera. Informática fue el de mayor aumento entre los destacados, con una suba real de 6,3%. Vehículos, repuestos automotores y combustibles crecieron 5,1%; materiales de construcción, ferreterías y pinturerías avanzaron 2,9%; e indumentaria aumentó 0,8%. Estos resultados son coherentes con las Cuentas Nacionales, que identificaron una contribución positiva de vehículos, otros bienes durables y servicios de telecomunicaciones al consumo de los hogares.
Del lado negativo, los electrodomésticos cayeron 12,2% en el total relevado, con una baja de 8,4% en comercios especializados y de 21,1% en las ventas informadas por supermercados. Restaurantes y confiterías retrocedieron 7,8%; servicios de seguridad, 5,7%; minimercados, 5%; hoteles, 4,3%; muebles y accesorios del hogar, 3,6%; cuidado personal, 1,5%; y supermercados, 0,3%. Son variaciones reales, es decir, descontado el efecto de los precios, y corresponden al primer trimestre, no a todo 2026.
El contraste entre vehículos e informática en alza y electrodomésticos o muebles en baja sugiere que no hubo una expansión generalizada de los durables. También importa el tamaño de las empresas: las micro registraron una caída real de 10,4%, frente a 0,2% en las grandes. La recuperación agregada puede, por lo tanto, convivir con una experiencia mucho más dura para negocios pequeños.
Por qué el consumo pudo crecer sin sentirse como auge
El principal sostén fue la mejora del ingreso real. El Radar Scanntech consignó que el salario real aumentaba 1,3% interanual en el período de referencia. A junio, el desempleo se ubicó en 7% y la inflación interanual de julio fue 4,27%, dentro del rango del Banco Central. La combinación de salarios que ganan algo de poder de compra, inflación contenida y una política monetaria menos restrictiva que un año atrás favorece el gasto.
Pero esos apoyos no eliminan los límites. El crecimiento económico sigue siendo bajo, la creación de empleo perdió impulso y los comercios más chicos enfrentan menor escala, costos fijos y consumidores sensibles a precios y promociones. En las zonas fronterizas, además, el consumo depende de la relación de precios y del tipo de cambio con Argentina y Brasil; en Maldonado y la costa pesa más la temporada turística; y en zonas productivas influyen el ciclo agropecuario y los ingresos locales.
Qué se prevé para 2027
El escenario central es de crecimiento, no de salto. BBVA Research proyecta que el consumo privado aumentará 1,6% en 2027, apenas por encima del 1,5% previsto para 2026. Su pronóstico para el PIB es de 1,8% el próximo año y para la inflación, de 4,5%. La encuesta de expectativas económicas del Banco Central ubica la mediana de crecimiento del PIB de 2027 en 1,7%, mientras la mediana de inflación se sitúa en 4,55%. El Ministerio de Economía es algo más optimista y estima una expansión del PIB de 2,1%.
La incertidumbre es relevante. La Cámara de Comercio proyecta un crecimiento del PIB de 1,5% en 2027, mientras Cinve plantea que la actividad podría acercarse a 3% si se consolida la recuperación. Ese rango no es una previsión directa de ventas por rubro, pero marca los límites del escenario: con crecimiento cercano a 1,5%, el consumo probablemente siga avanzando de forma lenta y selectiva; con una expansión más próxima a 3%, habría más margen para que la mejora llegue a servicios, pequeñas empresas y compras postergables.
No existen proyecciones públicas robustas que permitan asignar una tasa exacta a alimentos, cosmética, restaurantes o electrodomésticos para 2027. A partir de los datos actuales, la lectura más prudente es que alimentos, limpieza y otros bienes de reposición frecuente deberían conservar mayor estabilidad; los durables dependerán más del crédito, el dólar y las tasas; y restaurantes, hoteles y comercio fronterizo serán especialmente sensibles al empleo, el turismo y la relación de precios con los países vecinos. Es una inferencia económica, no un pronóstico sectorial cerrado.
Los riesgos también van en ambas direcciones. Una inflación cercana a la meta, nuevas mejoras del salario real y más crédito podrían acelerar el consumo. En contra juegan una creación de empleo más lenta, eventuales subas de energía, un deterioro externo o una nueva brecha de precios que desvíe compras hacia Argentina o Brasil.
La síntesis es una recuperación moderada y desigual. En 2026 creció el gasto agregado de los hogares y aumentó el volumen vendido en consumo masivo; varias zonas del interior superaron a Montevideo en ese canal; alimentos y limpieza lideraron; y bebidas alcohólicas, cosmética, congelados y varios servicios retrocedieron. Para 2027, la mayoría de las proyecciones apunta a que el consumo seguirá creciendo, pero a un ritmo demasiado bajo como para garantizar una mejora pareja entre territorios, rubros y tamaños de empresa.
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