El capital brasileño consolidó en los últimos años un peso relevante dentro de la inversión extranjera en Uruguay. Datos difundidos por Uruguay XXI y retomados esta semana por El Observador sitúan el stock acumulado de inversión directa de origen brasileño en US$ 4.400 millones al cierre de 2024, frente a unos US$ 2.500 millones en 2019. La diferencia es de aproximadamente US$ 1.900 millones en cinco años, pero conviene leerla correctamente: el stock mide la posición acumulada de inversión y no equivale a dinero nuevo ingresado en un solo año.

Brasil gana peso como origen de inversión

La relación económica bilateral tiene dos dimensiones que se refuerzan entre sí. Por un lado, Brasil es uno de los mercados más relevantes para los bienes uruguayos. Por otro, las empresas brasileñas mantienen presencia en actividades tan distintas como la industria cárnica, los servicios financieros, el comercio, la tecnología, el turismo y la logística. Esa diversificación reduce la idea de que el vínculo depende de un único sector y ayuda a explicar por qué la inversión brasileña aparece de forma recurrente en nuevas operaciones y consultas empresariales.

En un encuentro empresarial reciente, Martín Mercado, vicedirector ejecutivo de Uruguay XXI, indicó que hay cerca de 120 empresas brasileñas instaladas en el país y que generan alrededor de 16.000 empleos. El mismo reporte periodístico señaló que, en los últimos veinte años, la Comisión de Aplicación de la Ley de Inversiones aprobó 175 proyectos de origen brasileño por unos US$ 1.300 millones; 42 de esos proyectos, por aproximadamente US$ 600 millones, corresponden al período 2023-2026. Esos montos no deben sumarse directamente al stock de inversión directa, porque responden a conceptos distintos, pero muestran un aumento de la actividad de inversión promovida.

Qué significa el dato de US$ 4.400 millones

El dato de US$ 4.400 millones es una fotografía de la presencia acumulada de capital brasileño en Uruguay, no un flujo anual. Por eso no significa que hayan ingresado US$ 1.900 millones nuevos entre 2019 y 2024 en forma de desembolsos directos comparables año a año. El stock puede cambiar por nuevas inversiones, adquisiciones, reinversiones y otros movimientos financieros o de valoración. Para medir el impacto sobre la economía real importa observar cuánto de esa presencia se transforma en capacidad productiva, empleo, exportaciones, tecnología y servicios regionales.

La diferencia también ayuda a evitar una confusión frecuente: los proyectos promovidos por la COMAP y el stock de inversión extranjera directa no son la misma cosa. La COMAP registra iniciativas que solicitan beneficios al amparo de la Ley de Promoción de Inversiones, mientras que el stock de IED refleja una posición acumulada más amplia. En los últimos diez años, Uruguay XXI informó que empresas brasileñas promovieron proyectos por unos US$ 730 millones, al tiempo que el stock de inversión brasileña alcanzaba los US$ 4.400 millones.

Operaciones recientes que empujan la tendencia

Durante 2026 el vínculo ganó visibilidad por operaciones de gran escala y por una agenda activa de promoción. Entre los ejemplos están la compra de Enjoy Punta del Este por parte del grupo brasileño JHSF y el proyecto industrial de BrasPine en Rivera, anunciado por US$ 250 millones y con una proyección de hasta 400 empleos. En mayo, el gobierno de Yamandú Orsi mantuvo reuniones en Brasil con empresarios de sectores como logística, finanzas, alimentos, celulosa, farmacéutica y metalurgia.

En agosto, Uruguay XXI volvió a presentar en Río de Janeiro la propuesta del país como plataforma regional ante más de 150 referentes públicos y privados. La agencia puso el foco en seguridad jurídica, estabilidad macroeconómica e incentivos como la Ley de Inversiones y el régimen de zonas francas. La estrategia oficial busca que Uruguay no sea visto únicamente como destino final de capital, sino también como base desde la cual empresas brasileñas puedan operar servicios, comercio y logística para otros mercados de la región.

Qué puede cambiar para Uruguay

El crecimiento de la inversión brasileña abre oportunidades, pero también plantea desafíos. Para Uruguay, atraer capital de su mayor vecino puede ampliar empleo, exportaciones y escala empresarial, especialmente cuando los proyectos se radican fuera de Montevideo y generan cadenas de proveedores locales. Al mismo tiempo, cuanto mayor sea el peso de un origen determinado, más importante es seguir la composición sectorial, la competencia interna y el grado de dependencia de decisiones tomadas fuera del país.

En el corto plazo, el indicador decisivo será observar si el interés empresarial se transforma en nuevas decisiones de inversión y cuánto empleo, producción y exportaciones adicionales generan. El salto del stock desde unos US$ 2.500 millones en 2019 a US$ 4.400 millones en 2024 muestra una profundización del vínculo, pero no garantiza por sí solo un nuevo ciclo de crecimiento. La diferencia estará en la calidad de los proyectos, su integración con la economía local y la estabilidad de las reglas que Uruguay ofrece para inversiones de largo plazo.