La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ubicó en 1,5% el crecimiento de la economía uruguaya para 2026 y proyectó una aceleración a 2,2% en 2027. Las cifras, difundidas el jueves 20 de agosto en su nuevo Estudio Económico regional, dejan a Uruguay por debajo del 2,2% previsto para América Latina y el Caribe este año y entre las economías de menor expansión positiva de la región.
La lectura correcta no es que el pronóstico haya caído un punto porcentual de un día para otro. El recorrido fue gradual: el estudio anual de agosto de 2025 estimaba 2,5% para Uruguay en 2026; la actualización de abril de este año lo redujo a 1,6%; y la edición de agosto lo ajustó otra décima, a 1,5%. La revisión acumulada en doce meses sí es relevante, pero el cambio más reciente es acotado.
El nuevo número de la CEPAL está prácticamente alineado con el escenario que usa el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF). En julio, el ministerio mantuvo una proyección de 1,6% para 2026, mientras que la mediana del Comité de Expertos consultado para la regla fiscal era de 1,3%. El propio MEF calculó que, si se incorporaba el dato observado del primer trimestre y se mantenían las previsiones del comité para el resto del año, el crecimiento anual sería de 1,4%. La estimación de la CEPAL queda en el centro de ese rango.
El punto de partida ayuda a dimensionar el escenario. Uruguay creció 1,8% en 2025, por debajo del 2,6% que el Gobierno había proyectado inicialmente. En el primer trimestre de 2026 la actividad aumentó 0,9% frente al mismo período del año anterior. Si el 1,5% se confirma, la economía volvería a expandirse, pero lo haría algo menos que en 2025 y todavía lejos de un ritmo capaz de transformar rápidamente el ingreso, el empleo y la recaudación.
La comparación regional también muestra el rezago relativo. Para 2026, la CEPAL proyecta 4,3% para Paraguay, 3,3% para Argentina, 2,2% para Brasil y 1,6% para Chile. Uruguay, con 1,5%, queda apenas por encima de México, Bolivia y algunas economías del Caribe dentro del grupo de países con crecimiento positivo. La brecha importa porque socios y competidores con mayor expansión pueden absorber más inversión, empleo y comercio.
Una previsión del PIB no equivale de forma automática a la evolución del salario real ni anticipa por sí sola una recesión. Sí funciona como señal para las cuentas públicas y la planificación privada: con menos actividad de la esperada suele haber menor base tributaria, más dificultad para aumentar la inversión y menos margen para crear empleo formal. El efecto final dependerá de qué sectores crezcan, de la productividad y de cómo se distribuya la mejora.
En materia fiscal, el MEF sostiene que la meta de resultado fiscal estructural de -4,0% del PIB para 2026 continúa siendo alcanzable. También señala que, aun usando el escenario más bajo del Comité de Expertos, la deuda neta llegaría a 63,5% del PIB en 2029, por debajo del ancla de 65%. Eso reduce el riesgo de un ajuste inmediato por esta revisión, aunque no elimina la presión por ejecutar mejor el gasto y convertir proyectos anunciados en inversión efectiva.
Los próximos datos que permitirán evaluar el pronóstico serán las cuentas nacionales de los trimestres siguientes, la evolución de exportaciones y consumo, y el ritmo real de la inversión pública y privada. La CEPAL advierte que la región sigue condicionada por baja inversión, productividad débil, informalidad y un entorno internacional incierto. Para Uruguay, el 1,5% no es un resultado cerrado, sino una referencia que confirma el desafío central: sostener la estabilidad mientras se recuperan motores de crecimiento más duraderos.
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