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Cómo Cuba se volvió "capital del terrorismo del siglo XXI": espionaje e infiltración, según el Departamento de Estado

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Cómo Cuba se volvió "capital del terrorismo del siglo XXI": espionaje e infiltración, según el Departamento de Estado

Imagen: El Observador · Ver original

El Departamento de Estado de EEUU, liderado por Marco Rubio, difundió un informe en el que acusa a Cuba de mantener “durante casi siete décadas” una estrategia de subversión. Según el documento, el régimen “ha infiltrado las más altas esferas del gobierno estadounidense”, reclutado y cultivado “generaciones de activistas norteamericanos” y “respaldado una ola sin precedentes de terrorismo de izquierda en suelo estadounidense”, además de llevar a cabo “una de las penetraciones de inteligencia extranjera más duraderas y dañinas en la historia de EEUU”.

El informe detalla que, pese al fracaso económico de la isla, el modelo irregular de La Habana logró “un éxito notable”. Durante más de medio siglo, Cuba se colocó en el centro de una red hemisférica: entrenó guerrilleros, impulsó insurgencias violentas y respaldó ataques extremistas en EEUU. La isla se convirtió en refugio de terroristas fugitivos y en “base adelantada de potencias extranjeras hostiles”.

La semana pasada el secretario de Estado, Marco Rubio, convocó a 66 países para forjar una alianza contra lo que definió como una emergencia por el auge del “terrorismo de extrema izquierda”. De acuerdo con el informe sobre La Habana agentes cubanos infiltraron durante décadas sin ser detectados el Departamento de Estado, el Consejo de Seguridad Nacional y el Pentágono.

La Habana se dedicó a reclutar y movilizar una coalición global de activistas, intelectuales y grupos políticos, construyendo una red revolucionaria que influyó en movimientos extremistas como los Panteras Negras, el Weather Underground y, más recientemente, Antifa. Esa infraestructura, afirma el informe, mantiene hoy vínculos con organizaciones de izquierda, colectivos anti-ICE, grupos socialistas y militantes marxistas en Estados Unidos.

La Dirección de Inteligencia (DI), conocida hasta 1989 como DGI, es señalada como la principal agencia de inteligencia exterior de Cuba y “una de las operaciones de inteligencia humana más eficaces del mundo”. Durante seis décadas, jugó un papel central en operaciones que van desde infiltrar universidades y organizar movimientos revolucionarios en EEUU hasta entrenar terroristas palestinos en Yemen del Sur.

La posición única de Cuba la convirtió en socio clave de inteligencia para los adversarios de EEUU, no solo por su proximidad geográfica, sino por su conocimiento profundo de la política y la sociedad norteamericana. Los agentes del DI podían moverse con facilidad en comunidades de exiliados, campus universitarios y círculos activistas.

El informe sostiene que la DI mantiene hoy las mismas ventajas competitivas: el acceso privilegiado a EEUU sigue siendo su activo más valioso para estados y actores antiestadounidenses. Ya no espía en nombre del bloque soviético, sino que canaliza la información obtenida hacia China, Rusia, Irán y Corea del Norte.

El documento señala que las universidades estadounidenses son uno de los principales objetivos de la DI, terreno fértil para reclutar jóvenes ideológicamente afines que luego ocuparán posiciones de poder y acceso. Testimonios de exagentes confirman que la prioridad es identificar estudiantes de izquierda en centros de élite para convertirlos en futuros cuadros en el sector privado y el gobierno.

El régimen de La Habana sostiene convenios académicos con decenas de universidades de EEUU: en 2023 la Universidad de La Habana supuestamente mantenía acuerdos de intercambio con casi 80 instituciones, y en 2017 representantes de Harvard viajaron a Cuba para firmar un pacto de cooperación en cursos, pasantías, investigaciones y talleres, señala el informe.

Destaca casos específicos de espionaje. En diciembre de 2023, el Departamento de Justicia acusó a Víctor Manuel Rocha, de 73 años, quien fue embajador de EEUU en varios países de Latinoamérica, de haber actuado “en secreto durante décadas como agente” del gobierno cubano. En abril de 2024 fue condenado a 15 años de prisión federal tras declararse culpable de conspirar para actuar como agente extranjero. El entonces fiscal general Merrick Garland calificó el caso como “una de las infiltraciones más altas y duraderas del gobierno de EEUU por un agente extranjero”.

Asimismo menciona el caso de Ana Montes. Reclutada por la inteligencia cubana en 1984, Ana Montes ascendió en la Agencia de Inteligencia de Defensa del Pentágono hasta convertirse en la principal analista sobre Cuba, conocida como la “Reina de Cuba”. Durante casi dos décadas filtró información clasificada, reveló identidades de agentes encubiertos y entregó datos sobre operaciones militares estadounidenses, lo que según exfuncionarios comprometió gravemente la seguridad nacional. Fue arrestada en septiembre de 2001, condenada por espionaje y liberada en enero de 2023, sin mostrar arrepentimiento público.

El informe indica que la Brigada Venceremos, creada en 1969 con apoyo directo de La Habana, se convirtió en una de las operaciones de infiltración más extensas y peligrosas contra Estados Unidos. A lo largo de medio siglo llevó a miles de activistas norteamericanos a Cuba, entre ellos figuras influyentes, y funcionó como plataforma para campañas de influencia, espionaje y violencia revolucionaria.

El Departamento de Estado indica que el modelo de “viajes e intercambios” inaugurado por las Brigadas Venceremos se transformó en una industria paralela que mantiene activa la infraestructura de apoyo internacional a Cuba. Indica que hoy operan delegaciones recurrentes como la Brigada Internacional del Primero de Mayo, las caravanas “Friendshipment” de IFCO/Pastors for Peace y misiones del Witness for Peace Solidarity Collective, todas con el objetivo de mostrar que la isla tiene aliados incluso “en el vientre de la bestia”.

Asimismo señala que mientras los cubanos de a pie padecen las carencias de un Estado fallido —con escasez crónica de alimentos, energía y medicinas— el régimen destina recursos a sostener y expandir una red de frentes ideológicos e inteligencia orientados contra Estados Unidos. “Estos grupos han desempeñado un papel clave en la formación, capacitación y apoyo a generaciones de activistas de izquierda estadounidenses, agentes secretos e incluso terroristas nacionales”, afirma.

El Departamento de Estado indica que el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) se presenta como una organización de “amistad” y “solidaridad”, pero en la práctica funciona como el nodo central de la red de influencia e inteligencia del régimen. Testimonios de exoficiales de inteligencia cubanos han señalado que la mayoría de su personal está vinculado directamente a la Dirección de Inteligencia lo que convierte a ICAP en un brazo operativo del aparato de espionaje.

El presidente del ICAP Fernando González Llort.

ICAP, dice el Departamento de Estado, sigue siendo la plataforma clave para articular campañas internacionales a favor del régimen, desde brigadas de solidaridad hasta asociaciones de “ciudades hermanas” con municipios estadounidenses.

Añade que ICAP funciona, en última instancia, “como el nodo organizativo de una amplia red de grupos de la sociedad civil, organizaciones activistas de izquierda y ONGs que, en conjunto, constituyen un brazo central de la infraestructura cubana en Estados Unidos”. Recientemente el ICAP fue incluido en la lista de organismos sancionados por Washington.

El National Network on Cuba (NNOC) es descrita como una coalición de más de 60 organizaciones estadounidenses —entre ellas Democratic Socialists of America, National Lawyers Guild, CodePink y el Partido Comunista USA— que actúa como contraparte clave de ICAP en Estados Unidos. Su objetivo declarado es presionar por el fin del embargo y otras políticas “imperialistas” contra Cuba, organizando delegaciones, conferencias y campañas de solidaridad que vinculan activistas norteamericanos con funcionarios cubanos.

Afirma el reporte que en junio de 2026, NNOC difundió un “Plan Nacional de Respuesta Rápida” que detalla cómo activar acciones coordinadas en todo el país en caso de una intervención militar contra Cuba. El documento incluye disparadores, categorías de objetivos y cronogramas para movilizar protestas en edificios federales, bases militares y centros de detención de ICE además de “objetivos opcionales” como estadios deportivos durante eventos de alta visibilidad.

El Departamento de Estado sostiene que “hoy, agentes y operadores cubanos mantienen presencia en cientos de grupos pantalla, organizaciones activistas, centros de solidaridad y ONGs ideológicas. En conjunto, representan uno de los vectores más grandes, sofisticados y peligrosos de influencia extranjera hostil en la historia moderna de Estados Unidos”.

“Muchas de las convulsiones políticas recientes —desde los disturbios de George Floyd hasta el auge de Antifa y el activismo proterrorista en universidades— guardan algún vínculo con la influencia cubana”, afirma.

El informe subraya que, además de sus vínculos con Rusia y China, Cuba e Irán —ambos designados como Estados Patrocinadores del Terrorismo— sostienen una alianza de décadas que combina cooperación económica, diplomática e inteligencia, cimentada en su hostilidad compartida hacia Estados Unidos.

“En consonancia con su postura antiimperialista, Cuba lleva mucho tiempo apoyando al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Iraní (CGRI) y a grupos terroristas respaldados por Irán, como Hamás, Hezbolá y el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), ofreciéndoles no solo el apoyo del propio régimen, sino también un punto de apoyo para ampliar su presencia en América Latina”, dice el Departamento de Estado.

La alianza, añade, se consolidó en el período de “Cubazuela”, cuando el régimen venezolano operaba como Estado cliente de Cuba y ofrecía a Irán un entorno favorable para infiltrar redes políticas y criminales en la región. Informes del Pentágono señalaron que oficiales de la Fuerza Quds trabajaban bajo cobertura diplomática en Caracas, mientras células de Hezbolá y otros grupos se instalaban en Venezuela, Bolivia y Nicaragua.

“Irán también ha aprovechado la ubicación geográfica de Cuba para llevar a cabo operaciones de guerra electrónica contra objetivos estadounidenses”, explica y agrega que “más recientemente, informes de los servicios de inteligencia sugieren que Cuba ha adquirido drones de ataque de Irán y que oficiales militares cubanos han consultado con asesores iraníes sobre la guerra asimétrica con drones de cara a un posible conflicto con Estados Unidos”.

“Hoy, Cuba funciona como tejido conectivo de una coalición antiestadounidense más amplia, un terreno de convergencia donde las ambiciones de Moscú, Pekín y Teherán se entrelazan con los movimientos radicales que operan dentro de las propias fronteras norteamericanas”, concluye el Departamento de Estado.

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