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PIB potencial y el posible impacto esperado de la IA

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Person uses laptop interacting with AI virtual assistant. AI head graphic overlay laptop keyboard. Concept of AI prompt engineering LLM. Person types on keyboard to communicate with virtual

Person uses laptop interacting with AI virtual assistant. AI head graphic overlay laptop keyboard. Concept of AI prompt engineering LLM. Person types on keyboard to communicate with virtual · Imagen: El País · Ver original

Uno de los aspectos más preocupantes sobre el desempeño económico de nuestro país en los últimos años ha sido la consolidación de tasas de crecimiento reducidas del PIB. ¿Cuáles son los fundamentos del crecimiento potencial? ¿Qué ha llevado a una reducción en la estimación de dicho incremento para los próximos años? ¿En qué medida la irrupción de la Inteligencia Artificial (IA) puede revertir o atenuar dicha tendencia? Dado que estos temas son objeto de análisis incipiente, el objetivo de esta nota es hacer una primera aproximación a la temática, a cuenta de futuras profundizaciones.

Comencemos recordando que la tasa de crecimiento de la década que va de 2005 a 2014 fue de 4,6%, afectada positivamente por el rebote post-crisis 2002, a lo que se le sumó el impulso del super-ciclo de los commodities. Los siguientes 10 años (2015-2024) mostraron una tasa promedio mucho menor, de 1,1% anual en promedio (gráfico 1). Esta menor tasa de crecimiento efectiva, entre otros motivos, llevó a que el Comité de Expertos haya realizado reducciones en la tasa de crecimiento potencial, desde 2,3% en 2022 a 2% este año.

El crecimiento de la actividad económica a mediano plazo viene pautado por la tasa de crecimiento potencial. Esta tasa depende, a grosso modo, de factores estructurales que habitualmente se sintetizan en la dotación de capital, la fuerza laboral y sus capacidades (capital humano) y la eficiencia con la cual se utilizan dichos factores de producción. El factor capital incluye los activos físicos y las tecnologías implícitas para su uso, el factor trabajo incluye la fuerza laboral sumada a sus destrezas para trabajar y la productividad total de los factores refleja el grado de eficiencia con el cual las empresas combinan dichos factores. La tasa de crecimiento potencial es entonces la tasa de expansión de una economía que resulta de combinar, en condiciones normales, las dotaciones de capital y de trabajo disponibles con la tecnología aplicable.

La dotación de capital físico es el resultado de la inversión realizada en períodos anteriores. La inversión que se hace año a año tiene como destino reponer la depreciación natural del capital y aumentar dicha dotación. La tasa de inversión de nuestro país se ha ubicado en los últimos años en niveles reducidos, en torno de 16% del PIB (gráfico 2), un registro que alcanza para reponer lo utilizado (usualmente entre 8% y 10% del PIB), pero que deja poco para expandir en forma acelerada la dotación de capital de la economía. Dicha tasa de inversión relativa a la producción está asociada a tasas de crecimiento del PIB reducidas, en torno de 2% anual. Para que nuestro país crezca a tasas más elevadas, de 3% o 4% anual, se requiere que la inversión en cada año sea de entre 20% a 25% del PIB.

De no concretarse mega inversiones en los próximos años, surge que elevar la tasa de crecimiento potencial dependerá más de los demás factores. Si bien recientemente hemos asistido a un aumento de la tasa de actividad que sustentó un incremento de la fuerza laboral, las perspectivas demográficas y educativas, más estructurales, son desalentadoras. En efecto, en los últimos años hemos asistido a un incremento de importancia de la tasa de actividad, es decir, de la proporción de la población que tiene un empleo, o lo busca activamente, en relación a la población en edad de trabajar, aunque con poco espacio para seguir creciendo (gráfico 3).

En particular, la población en edad de trabajar posiblemente disminuirá, tanto a partir del envejecimiento y declive poblacional que ya comenzó y que continuará en los próximos años (gráfico 4). Además, deben considerarse las capacidades o destrezas en el análisis; pero los diversos índices que dan cuenta de la calidad de la educación, no resultan alentadores. Es decir, en un horizonte de 5 o 10 años, es difícil esperar que el capital humano sea el que lidere un proceso de claro mayor crecimiento de la actividad, de no mediar innovaciones considerables.

Por tanto, la eficiencia con la cual se combinan capital y trabajo, que se estima a través de la productividad total de los factores, es el elemento restante que podría generar un cambio apreciable en la tendencia de crecimiento. Sin embargo, los datos históricos indican que la contribución de la productividad total de los factores al crecimiento de nuestro país ha sido apenas positiva, nula o incluso negativa, dependiendo del período considerado. Debería entonces observarse un cambio sustancial en la forma cómo las empresas combinan capital y trabajo, para que la productividad total de los factores sea lo que finalmente termine impulsando el crecimiento de la actividad económica de nuestro país.

El punto entonces es si la introducción de la IA puede propiciar un aumento importante de la productividad que sustente un mayor crecimiento tendencial. La revolución de la IA es reciente, por lo que las estimaciones de impacto sobre la productividad total de los factores son diversas, y van desde las optimistas, que estiman impactos en el PIB tendencial para economías desarrolladas, en 1% por año o más (McKinsey o Goldman Sachs), pasando por las intermedias (FMI), de entre 1% y 3% en 10 años para países emergentes, hasta las escépticas, que estiman en torno de 1% acumulado en el mismo horizonte para EEUU (Acemoglu). Independiente de la magnitud del efecto, hay cierto consenso en que los canales de transmisión de la IA serían más notorios sobre la productividad del trabajo, mientras que el impacto en el capital sería más modesto. Por tanto, es de esperar que los efectos beneficiosos de la IA sean más evidentes en los sectores que hacen un uso más intensivo del trabajo, como la prestación de servicios.

Aun asumiendo un escenario favorable, en el cual se observe un impacto apreciable-intermedio de la IA en el crecimiento tendencial de nuestra economía, la actividad no pasará a expandirse por este efecto a tasas sustancialmente mayores.

Lo anterior no quita que exista una oportunidad de aprovechamiento del sesgo de la IA a mejorar el rendimiento laboral, ya que permitiría compensar vía mayor productividad la esperada baja contribución al crecimiento de dicho factor. Además, en un escenario intermedio, el efecto sobre el crecimiento sería apreciable en nuestro país, donde pasar de crecer 2% anual a 2,3%-2,5% en forma sistemática, generaría un efecto no despreciable sobre el PIB en una década. En cualquier caso, surge de lo anterior que los esfuerzos de las políticas públicas a medio plazo deberían adoptar un criterio conservador, sin esperar grandes aportes al crecimiento tendencial por parte de la IA, y focalizarse en apuntalar la alicaída tasa de inversión de nuestra economía.

- Alejandro Cavallo, Director de Consultoría Económica en Equipos Consultores.

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