Por qué los niveles elevados de cortisol retrasan la cicatrización de las heridas en la piel

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Un nivel elevado de cortisol puede manifestarse de distintas formas en el organismo, y la Dermatología advierte que muchas de esas señales aparecen en la piel y el cabello. Entre ellas, una de las más llamativas es la cicatrización lenta, es decir, cuando una herida tarda más de lo habitual en cerrar.
Los expertos señalan que este signo puede estar acompañado por otros cambios cutáneos y capilares relacionados con el exceso de la conocida hormona del estrés.
El cortisol es una hormona producida por las glándulas suprarrenales que desempeña un papel fundamental en numerosas funciones del organismo. Participa en la regulación del metabolismo, el uso de proteínas, grasas y carbohidratos, además de intervenir en el control de la glucosa en sangre, la presión arterial, la respuesta al estrés, la inflamación y el ciclo del sueño. Los especialistas destacan que mantener niveles adecuados de cortisol es esencial para la salud. Tanto un exceso como un déficit de esta hormona pueden provocar alteraciones importantes en el organismo.
Según explican los expertos, la inflamación es una fase indispensable del proceso natural de cicatrización de heridas. Sin embargo, cuando existe un exceso de cortisol, la respuesta inflamatoria puede reducirse demasiado, retrasando la reparación de los tejidos. Como consecuencia, las heridas necesitan más tiempo para cerrar y aumenta la posibilidad de desarrollar complicaciones durante el proceso de recuperación.
Además, el cortisol alto puede provocar atrofia de la piel, afectando tanto la epidermis como la dermis. Esta pérdida de grosor suele observarse con mayor frecuencia en los codos, las rodillas y el dorso de las manos.La piel se vuelve más fina y frágil, dejando más visibles los vasos sanguíneos superficiales y favoreciendo la aparición de telangiectasias, pequeñas dilataciones de los vasos capilares.
Debido a esta fragilidad, pueden aparecer moretones, cortes o desgarros incluso después de golpes leves o del retiro de una venda adhesiva. Además, estas lesiones suelen tardar más en sanar, aumentando el riesgo de infecciones cutáneas y cicatrices.
Otra de las manifestaciones que puede aparecer con niveles elevados de cortisol son las estrías. A diferencia de las relacionadas con el embarazo o el aumento de peso, estas suelen ser más anchas y presentan una coloración roja intensa o violácea.
Pueden desarrollarse en distintas partes del cuerpo, como el abdomen, los muslos, los brazos, los glúteos, la espalda baja y las mamas. Los especialistas también mencionan la acantosis nigricans, una alteración caracterizada por placas de piel aterciopelada y oscura que suelen aparecer en el cuello, las axilas, el rostro y el dorso de las manos. Este cambio puede estar relacionado con la resistencia a la insulina.
Otro signo frecuente es el acné esteroideo, una erupción que suele aparecer de forma repentina y afectar la cara, el cuello, el pecho, la espalda y la parte superior de los brazos. Asimismo, un exceso de cortisol puede favorecer la aparición de infecciones por hongos y levaduras, como la pitiriasis versicolor, la candidiasis o las infecciones por hongos en los pies y las uñas. En algunos casos también puede provocar queilitis angular, una inflamación dolorosa en las comisuras de la boca.
El cortisol alto también puede modificar la distribución de la grasa corporal. Una de las manifestaciones más conocidas es la acumulación de grasa en el rostro, especialmente en las mejillas, dando lugar a la denominada cara de luna.
Además, es frecuente que se acumule grasa en la parte superior de la espalda, otro signo característico del exceso de esta hormona. En cuanto al cabello, los expertos explican que las glándulas suprarrenales también producen andrógenos, hormonas que participan en el crecimiento capilar. Cuando su producción aumenta, puede acelerarse la alopecia androgenética, favoreciendo la miniaturización de los folículos pilosos.En las mujeres, este proceso suele manifestarse con un ensanchamiento progresivo de la raya central del cabello, mientras que en los hombres es más frecuente el retroceso de la línea frontal y la pérdida de densidad capilar.


