La industria argentina de harina de soja considera que las nuevas exigencias europeas contra la deforestación podrían abrirle espacio comercial en la Unión Europea, mientras sus competidores brasileños advierten sobre dificultades para acreditar el origen de la producción.

Según informó Reuters el 28 de octubre, desde el 30 de diciembre los importadores europeos deberán demostrar que los productos alcanzados por la norma no provienen de tierras deforestadas. Brasil fue el principal proveedor de harina de soja de la Unión Europea el año pasado, con aproximadamente la mitad de las importaciones de ese producto.

Federaciones de la industria de alimentos para animales han advertido que los requisitos de trazabilidad podrían afectar una porción relevante de los envíos brasileños. Argentina, en cambio, sostiene que su sistema de seguimiento de granos y la cercanía de las zonas productoras a los puertos facilitan demostrar el origen de las exportaciones.

Por ahora se trata de una oportunidad comercial, no de una transferencia de ventas confirmada. El cambio importa a toda la región porque Argentina y Brasil integran el Mercosur junto con Uruguay y Paraguay. Los ajustes en las cadenas agroexportadoras pueden incidir en la competencia entre proveedores sudamericanos y en las condiciones de acceso al mercado europeo.