Un policía de 52 años, Fernando Adrián Sandez Freitas, fue encontrado sin vida en la mañana del sábado en el río Santa Lucía, a la altura de la ciudad de San Ramón, en el departamento de Canelones. Sandez Freitas, quien se desempeñaba en el corralón policial de Suárez, había sido reportado como desaparecido desde la noche del viernes. Según las primeras informaciones, el funcionario se quitó la vida utilizando su arma de reglamento.

La noticia ha generado una profunda conmoción en el ámbito policial y entre la sociedad uruguaya. El Sindicato de la Guardia Republicana emitió un comunicado en el que cuestiona la falta de protocolos adecuados para abordar situaciones de riesgo entre los efectivos policiales. “¿Y si hubiera un protocolo? Si existían indicios de que un policía podía atentar contra su propia vida, entendemos que debería activarse un protocolo especial de búsqueda y respuesta inmediata”, expresaron desde el sindicato, enfatizando la necesidad de una respuesta más ágil y efectiva en estos casos.

Por su parte, la diputada del Partido Nacional y expresidenta del Sindicato de Funcionarios Policiales, Patricia Rodríguez, también se pronunció en redes sociales, lamentando la pérdida y enviando sus condolencias a la familia y compañeros del fallecido. “Otro día que amanecemos con la triste noticia de otro funcionario policial que se quitó la vida, esta vez en Canelones”, escribió Rodríguez, reflejando el dolor que esta situación genera en el ámbito policial.

El suicidio de Sandez Freitas no es un caso aislado. Desde el Sindicato Único de Policías del Uruguay (SUPU) han manifestado su preocupación por la salud mental de los funcionarios policiales, aunque han decidido no divulgar cifras sobre la cantidad de suicidios en el cuerpo, argumentando que no quieren que estas tragedias se reduzcan a meras estadísticas. “No queremos que quede como un número”, afirmó su presidente, Ricardo González.

La situación de la salud mental de los policías ha sido un tema recurrente en el debate público, especialmente en un contexto donde la presión y el estrés laboral son altos. La falta de recursos y protocolos adecuados para abordar estas problemáticas ha sido señalada como una de las principales falencias en el sistema de seguridad.

El hallazgo del cuerpo de Sandez Freitas reabre la discusión sobre la necesidad de implementar medidas preventivas y protocolos específicos para la salud mental de los funcionarios policiales. La falta de atención a estos aspectos puede tener consecuencias trágicas, como se ha evidenciado en este caso.

La comunidad policial y la sociedad en general deben reflexionar sobre cómo se pueden mejorar las condiciones de trabajo y el apoyo psicológico a los efectivos, para evitar que situaciones como esta se repitan en el futuro. La salud mental de los policías no puede ser un tema relegado, sino que debe ser una prioridad en la agenda de seguridad del país.

Este trágico suceso pone de relieve la urgencia de actuar y de desarrollar políticas efectivas que garanticen el bienestar de quienes están al servicio de la seguridad pública. La prevención y el apoyo son fundamentales para evitar que más vidas se pierdan en circunstancias similares.