El Instituto Cuesta Duarte del PIT-CNT volvió a medir los salarios sumergidos y el resultado es seco: en 2025 unos 512.000 ocupados —el 30% del total— percibieron ingresos laborales líquidos por debajo de $25.000 mensuales por 40 horas (valores de noviembre de 2022; unos $28.700 a precios de diciembre de 2025). Entre los asalariados la cifra fue de 293.000 (25%).
La proporción casi no se movió respecto de 2024 y sigue por encima de 2019. “Estamos hipotecando el futuro”, dijo la economista Alejandra Picco, coordinadora técnica del instituto, al subrayar que el 52% de los jóvenes ocupados cae bajo ese umbral.
El empleo crece, pero con señales de peor calidad: más no registro a la seguridad social y más cuentapropismo. Picco vincula el estancamiento a un salario real que apenas subió 1,1% en el promedio anual de 2025 y a puestos más precarios. El propio informe advierte que hay margen en los Consejos de Salarios y en el salario mínimo, aunque la moderación de esos instrumentos puede limitar el impacto.
El mapa interno también es desigual: el interior, las mujeres, los informales y ramas como agro, servicio doméstico y comercio concentran más ingresos sumergidos. La lectura de fondo que deja el Cuesta Duarte es clara: tener trabajo ya no garantiza salir de la pobreza si el empleo no es formal, con derechos y un ingreso suficiente.
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