El químico francés Henri B. Kagan y el japonés Kenso Soai ganaron el Premio Nobel de Química por resolver un enigma que la disciplina arrastraba desde hace más de un siglo: cómo puede surgir, a partir de una mezcla equilibrada, una química que elige siempre la misma "mano". La Real Academia Sueca de Ciencias los distinguió "por el descubrimiento de efectos no lineales y autocatálisis en la síntesis orgánica asimétrica".
"Henri Kagan y Kenso Soai aportaron una solución a un misterio químico de más de cien años: cómo puede surgir espontáneamente la homoquiralidad. Las reacciones químicas que desarrollaron son espectaculares", dijo Heiner Linke, presidente del Comité Nobel de Química.
Kagan, de 95 años, nació en Boulogne-Billancourt, en las afueras de París, y es profesor emérito de la antigua Universidad París-Sud. Soai nació en Hiroshima y es profesor emérito de la Universidad de Ciencias de Tokio. Se repartirán en partes iguales los 12 millones de coronas suecas del premio, alrededor de 1,2 millones de dólares.
Moléculas zurdas y diestras
Muchas moléculas, como los aminoácidos, existen en dos versiones que son la imagen especular una de la otra, igual que la mano izquierda y la derecha: tienen los mismos átomos, pero no pueden superponerse. Los químicos llaman a esa propiedad quiralidad, de la palabra griega que significa "mano".
Los seres vivos usan solo una de esas versiones. Los aminoácidos que forman las proteínas son prácticamente siempre "zurdos", mientras que los azúcares de la vida son "diestros". A esa preferencia exclusiva se la llama homoquiralidad. En el laboratorio, en cambio, una reacción que no favorece a ninguna de las dos formas produce siempre una mezcla mitad y mitad.
La diferencia no es un detalle académico. Cuando una molécula va a interactuar con un organismo, como ocurre con un medicamento, solo una de las dos versiones tiene el efecto buscado; la otra puede ser inútil o incluso tóxica. Por eso la industria farmacéutica necesita fabricar una sola de las dos imágenes.
Del efecto no lineal a la reacción perfecta
Kagan dio el primer paso decisivo hace 40 años, cuando descubrió lo que se conoce como "efecto no lineal": una forma de manipular las reacciones químicas que le permitió obtener un exceso de una de las dos versiones mucho mayor del que se creía posible. Según el jurado, el hallazgo fue revolucionario para quienes diseñan reacciones destinadas a fabricar fármacos, aromas, fragancias y nuevos materiales.
Soai llevó la idea más lejos. A mediados de los años noventa describió la primera reacción química con potencial para ser homoquiral, y años después logró concretarla: una reacción autocatalítica en la que el producto acelera su propia formación y genera copias con su misma orientación, hasta que solo queda una de las dos imágenes. "Aparte de la propia vida, nadie había conseguido algo así", destacó la Academia.
El hallazgo ofrece además una pista sobre el origen de la vida: muestra cómo una pequeña asimetría al azar en la Tierra primitiva pudo amplificarse hasta producir una bioquímica enteramente de una sola mano.
Una deuda pendiente
El premio tiene un componente de reparación para Kagan. Hace 25 años, cuando el Nobel de Química distinguió los trabajos sobre catálisis asimétrica, su ausencia generó polémica: era considerado uno de los pioneros del campo, pero el galardón admite como máximo tres premiados por categoría.
Qué sigue
La semana de anuncios continúa el jueves con el Nobel de Literatura y el viernes 9 de octubre con el de la Paz. El lunes 12 se conocerá el de Ciencias Económicas. El lunes, el de Medicina fue para Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel por la optogenética, y el martes el de Física para Francis Halzen por el observatorio de neutrinos IceCube. Los premios se entregarán en diciembre en Estocolmo.

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